19.8.20

Mecachis party

Cayetana acabará en Vox. Lo dice una pija madrileña, muy cuca, que se sienta en la mesa de al lado en un bonito hotel ampurdanés y que pasea como un estandarte su mascarilla con la bandera de España para tener algo que contar a la vuelta si alguien la mira mal. Cayetana es muy radical. Va provocando. Los cayetanos saben que no tiene razón. Que nada hay más alejado de Vox que el discurso de Álvarez de Toledo y que basta con escucharla un par de minutos, en cualquier intervención cogida al azar, para darse cuenta de ello.


15.8.20

Maskerada

Aquesta campanya de la Generalitat ho té tot. És la culminació d'una manera de fer i d'entendre la política. El punt més alt i, a la vegada, el més baix. La mort d'una idea de país, de política i de llibertat.  
Tot comença amb un noi, fill de la immersió lingüística, educat en un institut públic de Girona, que se'n fot del català perquè se'n fot de la profe, o al revés. Tot comença amb una parodia de l'autoritat; "amb el somriure, la revolta"; amb "la revolució dels somriures". El noi se'n fot de la professora, i enfotent-se'n d'ella i del seu poder se'n fot de la immersió lingüística, del projecte de país que, encara ara i potser més que mai, perquè ja no queda gaire més, fa seu el govern de la Generalitat, i del poder que aquesta representa. El noi penja la paròdia a Tiktok, es fa viral i els parodiats el contracten per convertir-lo en un bufó més de la cort. 
Justament ara, quan la Generalitat ha demostrat la seva incapacitat per fer un ús millor, exemplar, ni tan sols diferencial, de les seves competències i del seu poder. Ara, que per intentar dissimular el seu fracàs ha decidit posar tots els seus esforços i tot el seu poder en la prohibició més inútil de les coses més variades. Ara que ha demostrat que no sap què fer amb el seu poder, amb les competències fonamentals com són l'educació, la sanitat i la seguretat. 
És la metàfora perfecta. Un departament com és el de Joventut i que, en el millor dels casos, hauria de preocupar-se per facilitar als joves l'emancipació, el futur i la llibertat, els contracta per pintar les mascaretes que els obliga a posar-se una mica perquè sí i una mica per demostrar que aquí manen ells. Els posa a pintar el morrió en nom de la llibertat d'expressió. 
 La Generalitat actua com un monitor d'esplai mentre Catalunya crema i tracta al mateix temps de reprimir i d'infantilitzar la societat per fer-la més dòcil, obedient i oblidadissa. El govern que presumeix de rebel posa els joves que es rebel·len de debò, per instint, per un menyspreu natural del poder i sense presumir-ne tant, a decorar les mascaretes de la mateixa manera que altres poders, molt menys rebels i molt menys presumits, els posarien a pintar les cadenes o a decorar les parets de la cel·la.

12.8.20

Que gane el campeón

No descubrimos nada si decimos que las grandes marcas, como Nike, ya no anuncian una marca o un producto sino una forma de vivir, de ser y de pensar. Una ideología. Y que el éxito de la estrategia es tal que ni siquiera Jordan se atrevería a recordarles que también los republicanos compran zapatillas. Porque todos sabemos que los republicanos seguirán comprando zapatillas por muy progres que se pongan los fabricantes. Todo la gracia del anuncio está ahora en descubrir en qué consiste esa ideología progre con la que Nike pretende que asociemos su marca. Y la sorpresa, siempre muy relativa, es descubrir que se trata de una amalgama de causas con muy buena prensa pero sin ninguna coherencia o dirección.


(Seguir leyendo en TheObjective)

5.8.20

Inoportuno oportunismo

De todas las alegres indignaciones de estos días, las más tristes e hipócritas son las del “espacio convergente”, como les llama la rufianada. Es una alegría forzada, de pagliaccio, de quien se ha visto obligado por las circunstancias y por sus propios complejos a abrazar un republicanismo sin sustancia y que ahora les arrastra a luchar otra batalla estéril en nombre de sus adversarios. Es la alegría de quien se dejó convencer que el nacionalismo era un atraso y una vergüenza y de derechas y que las derechas eran malas. La alegría de los que se pusieron muy serios a buscar razones que justificasen la independencia de la Comunidad Autónoma catalana sin apelar a ninguna razón que les fuese propia y que, con la ayuda de Esquerra y Podemos, encontraron las excusas de la justicia social, de las pensiones, de las leyes de dependencia, los helados de postre y hasta del republicanismo. Se contentaron con hacerse republicanos porque hacerse de Esquerra todavía no era necesario, y todas las excusas que encontraron para hacer la independencia se les imponen ahora como excusas para no hacerla. 

(Seguir leyendo en TheObjective)

22.7.20

La hoguera de las vanidades

De Junqueras se decía que era el que mejor estaba en la cárcel. Que había encontrado un cierto confort místico en ella. En el lenguaje nietzscheano de aquellos a los que a-buenas-horas-mangas-verdes llaman hiperventilados, Junqueras representa la moral del esclavo que se entregó orgulloso al martirio de la justicia española mientras sus más valientes compañeros seguían de lucha por Europa. El junquerismo es amor, se decía, a sí mismo. Y lo volvió a decir en la entrevista, esperpéntica, verdaderamente vergonzosa, que concedió a TV3. Cuando Sanchis le preguntó si eso no era un poco de risa –aquí estuvo bien– respondió que del amor y de Shakespeare y de Dante y de Petrarca no se reía nadie en su presencia. Cuando Sanchis trató de advertirle de que no se reían del amor ni del bardo sino de él ya era tarde. El hinchado flotaba entre los grandes de la literatura y no volvió a aterrizar en toda la noche. Al terminar, a nadie le quedaban ganas de reírse. Porque este hombre está llamado, por su ego, su dios, su pueblo, sus líderes de opinión y sus compañeros de módulo a ser el líder que Cataluña necesita. Y él parece más que dispuesto a escuchar la llamada. Esto no es serio, pero tampoco es para reírse.

2.7.20

Morir de rodillas

Your are not here to verify,
Instruct yourself, or inform curiosity
Or carry report. You are here to kneel
Where prayer has been valid.

T.S.Eliot. Four quartets

Hay gente que quiere ver arder el mundo, pero la mayoría sólo aspira a sentirse bien haciendo el mal. Se pasa la vida buscando buenas excusas y cuando las encuentra es capaz de robar, matar, quemar ciudades y civilizaciones y de hacerlo feliz y orgullosa, sin dudas ni remordimientos, porque, como dicen los niños, “empezaron ellos". Lo hemos visto estos días, lo habíamos visto mil veces y lo veremos mil más.

Cuando los más altos ideales se mezclan con las más bajas pasiones, lo normal sería usar la razón de la fuerza con los nihilistas y la fuerza de la razón con los justicieros. Pero lo normal es cada vez más raro y lo habitual viene siendo callar y esperar a que amaine la tormenta. Nos averguenza defendernos porque desconfiamos de nuestra razón. Porque sabemos, con Benjamin, que todo documento de civilización es un documento de barbarie pero, sobre todo, porque olvidamos que no todo documento de barbarie es un documento de civilización. Que la barbarie es la norma y la civilización (la ley y el orden y un par o tres de cosas más) es la excepcion. Que lo normal es la esclavitud y lo raro es que Occidente la aboliese. Por eso añadía Benjamin que hay que leer la historia a contrapelo, que es cuando rasca.

Sólo a contrapelo se entiende que somos unos privilegiados. Y la responsabilidad que implica y el deber de gratitud que conlleva el darse cuenta de los muchos sacrificios que han sido necesarios incluso para el más pequeño de cada uno de nuestros derechos, libertades, lujos y comodidades. La enorme deuda que contraemos con sólo nacer en esta parte del mundo y en este momento de la historia; esto es lo que hace el pasado insoportable haste el punto de emprenderla con las estátuas. El pasado duele porque obliga. 

Sólo mirando la historia a contrapelo podemos entener que si esto vale para nosotros, ciudadanos blancos y acomodados del s.XXI, hijos y nietos de dos guerras mundiales, una guerra civil, dictadura, hambre, exilio y etc, ¿por qué no iba a valer igualmente para los nietos de la esclavitud? Sólo así se entiende hasta qué punto es delirante el discurso de esa activista que decía tener derecho a quemar el país entero porque sus abuelos lo construyeron gratis. Este discurso, a medio camino entre el maltratador y el niño pijo es, además, un *overstatment*: no hay nada gratis y a sus abuelos les costó sangre sudor y lágrimas construir lo que ahora queman tan contentos y en su nombre. Confundir aquí valor y precio para reducir a cenizas el trabajo y el sacrificio de tantos hombres es una pijada criminal que a nadie ofende más que a esos esclavos. Porque por sus obras los reconocemos. 

Todo lo que hay que ver está en ese vídeo en el que un hombre negro le pide a una joven y deportista rubia, por favor pero cámara en mano, que se arrodille y muestre el debido respeto a la masa enfurecida que grita Black Live Matters. Ella lo hace sin problemas. Y hay que imaginar a esa mujer feliz. Sólo así podremos entender que esa cámara y esa solicitud le están negando la posibilidad de mostrar el mismo respeto que le exigen. Hasta hace un par o tres de semanas, ese arrodillarse era un gesto contestatario, de rebeldía. Ya no. Ahora forma parte de un ritual pseudo-religioso pensado para exhibir sumisión y arrepentimiento. Ya no puede ser señal de respeto ni aunque se pretenda, porque el respeto sólo es cuando es libre y aquí amenaza el negro, la historia y el mundo entero que vigila. Es la misma imagen que desde el porno más bajo hasta la más alta literatura (como en la *Desgracia* del Nobel Coetzee) nos muestra una civilización abrumada por la culpa, convencida de merecer ser castigada y que se somete deseosa y voluntariamente a la tiranía de la penitencia.

Lo que vemos estos días es, como decía @clorgu, un juicio estalinista: la sentencia está dictada y falta la confesión. Y siendo estalinista, ni es juicio ni lo puede ser. Donde se juzga la historia, la clase o la raza, en realidad no se juzga a nadie. Quién sea o qué haya hecho esa mujer es irrelevante. Es blanca y lo que le toca es humillarse y aceptar su suerte. Al aceptar la sentencia, lo que le toca en suerte es el premio de la inocencia; de no ser juzgada, de no tener que hacerse digna de sus privilegios y de no tener que luchar para preservarlos y extenderlos. En el fondo sabe, como sabía Arendt, que "cuando todos son culpables, nadie lo es; que las confesiones de culpa colectiva son la mejor salvaguarda posible contra los culpables y la auténtica magnitud del crímen la mejor excusa para no hacer nada". 

Es lo que Wilde llamó "la voluptuosidad del autorreproche. Cuando nos culpamos sentimos que nadie más tiene derecho a hacerlo. Es la confesión, no el sacerdote, lo que nos da la absolución". No queremos el juicio porque nos obligaría a asumir la responsabilidad sobre el pasado pero, sobre todo, sobre el futuro. Y eso vale también para quienes insiten estos días en que no hay que juzgar el pasado a la luz del presente, delegando en el futuro el juicio de su presente. ¿No es también este relativismo histórico un tipo de relativismo cultural? ¿Cuándo estuvo bien la esclavitud? ¿Cuándo fue el canibalismo una simple moda gastronómica? ¿Acaso somos nosotros racistas por lo de Minneapolis y los chinos muy ordenados por lo de meter uigures en campos de concentración? Claro que se puede juzgar el pasado a la luz del presente. Y oriente a la luz de occidente. Mejor sería juzgar el presente desde el pasado, o juzgarlo todo sub specie aeternitatis. Lo único que no se puede es juzgar con este maniqueísmo tan infantil que divide la historia y la realidad entre nosotros y los malos y que no soporta ni siquiera entrever la complejidad de los asuntos humanos.

Porque de aquí salen barbaridades como las que defendía otra activista BLM diciendo que negros son inocentes porque toda la violencia la han aprendido de los blancos. Y es mucho peor que falso; es profundamente injusto y terriblemente racista, porque asume que lo normal en el negro es lo peor en el blanco. Que lo normal en el negro es que cuando se enfada queme casas y robe cosas y mate a quien se le ponga por delante. Con amigos como estos, quién necesita enemigos de bronce.

1.7.20

Tiempo al tiempo

Dijo Sánchez que le hubiese encantado decretar antes el estado de alarma pero que no le hubiésemos entendido. Encima, no tiene razón. Porque aún sin tener, y justo es reconocerlo, unas orejas como las suyas, la ciudadanía española entendió, demasiado bien y demasiado pronto, todas y cada una de las órdenes y de las mentiras que emanaban de Moncloa. El pueblo ha demostrado ser tan obediente que cabe incluso sospechar que los únicos que se hubiesen enfadado con Sánchez son sus extraños compañeros de cama y sus votantes menguantes, que tenían por esas fechas una fiesta que les hacía muchísima ilusión.