24.2.22

Casado, un hombre de honor

Dicen que Casado sigue a la espera de una salida honorable. Pero honorable es todo lo que se hace con honor, sea sepuku o dimisión. Y en este país, en el que no dimite nadie, dimitir es ya y en sí mismo signo de distinción y elegancia, y para estas cosas siempre es un buen momento. 

Dándose tiempo, rascando horas y alargando la agonía, Pablo Casado seguía empeñado en controlar cosas que ya no dependían de él. Ya vendrán otros a decir que lo hizo por el bien del partido. Por la unidad. Por la moderación. Por España misma y por la democracia, incluso. No serán Shakespeare, a lo mejor será Alberto Núñez Feijóo y a lo peor sólo Teodoro García Egea, pero de hecho ya están saliendo muchos de sus enemigos, muchos de los que ayer mismo lo insultaban, a llorarlo compungidos, apenados, tristes de verdad de la buena por la suerte que le espera a nuestro país y a nuestro sistema de libertades. Y cada vez más apagados se van repitiendo, nos van repitiendo, que Casado era en el fondo y a pesar de sus errores y de sus defectos y de su fracaso final, "un hombre de honor".