30.9.22

Alizzz es élite cultural y catalanísima

Aunque no lo parezca, el joven Alizzz está contento. Lo dice en su canción, esa celebrada oda a los quinquis del Baix Llobregat donde le dice a la burguesía cultural que puede comerle la poll*. Lo que pasa, nen, es que entre esas élites hay quienes, como Lluís Llach, no le consideran cultura catalana. 

Lo ha explicado estos días en todas las teles y radios catalanas, públicas y semi. Delante, una élite periodística compungida, apocada, le pedía, más que explicaciones, que tampoco hacían falta, algunas indicaciones sobre qué podríamos hacer entre todos, así como país, para que se sintiese parte de esta cultura nuestra tan rica e integradora. 

Alizzz fue incluso a La Sotana, que es un programa de deporte, es decir, de fútbol, es decir, del Barça, y era decir de Messi. Y lo hizo demostrando que, efectivamente, y como canta él mismo, es "un bon noi" y que no hay motivo alguno para "encender las alarmas" porque la cosa no va de idioma.

Aunque un poco sí que va de idioma, claro. Cuando se le preguntó que quién decide quién es y quién no cultura catalana, respondió con gran claridad, pero con timidez: "No sé, preguntádselo a la consellera de Cultura". 

La consellera de Cultura no tiene, claro está, potestad ninguna para aclarar estos debates metafísicos, pero sí para extraer sus lógicas consecuencias en forma de ayuda, subvención y similar. Y, efectivamente, uno sólo puede ser cultura catalana por la lengua o por la pasta.

Lo segundo no lo necesita, porque entre el camino de las musas, que conduce a los Grammy, y el camino de Òmnium, que conduce a las paguitas y a las mesas redondas, él hace tiempo que eligió el bueno. Y el catalán le fue vetado, digamos, por los usos y costumbres de Castefa, donde la inmersión no es tan problemática como en Canet porque, simplemente, no se da "donde muy poca gente habla catalán, [Castefa] es de los pueblos que están en contra de la inmersión lingüística". "Es de ser inútiles".

Hasta los 18 años sólo le hablaban en catalán las profes de catalán y su abuela la de Gerona, que le acusaba de charnego cuando él era incapaz de responderle en su idioma. Charnego, decía ella, y agradecido, dirían otras. Porque Alizzz el quinqui del Baix hasta votó el 1-O y sería raro, reflexiona, que justo él fuese de los pocos que votó que no. 

Pero nunca nada es suficiente para asegurarse el amor del público.

Alizzz es demasiado "bon noi" para ser el soldado que esta batalla buscaba. Bien está que el arte sea más reivindicativo, borde, quinqui y polémico que el artista. Épater le convergent sería (o era, al menos) la obligación moral del artista catalán. Pero dice algo de Cataluña en general y de los convergentes en particular que la inmersión no llegara para que nieto y abuela hablasen el mismo idioma, pero llegue justo para insultar a los convergentes en su propia lengua. 

Alizzz está contento porque quiere lo que tiene, y dicen los memes que esta es la clave de la felicidad. La canción, dice, "está guapa" y "el flame está bien tirado". Alizzz está contento porque quería el casito de las élites culturales y mediáticas, la cálida y acogedora proximidad de la lengua propia, las contrataciones y la propaganda, y le ha bastado una sola canción y en ese catalán para conseguirla. 

Lo que ha entendido Alizzz, y es fundamental, es que en un país con unas élites tan acomplejadas, la mejor manera de que te hagan caso es insultarlas. Porque, aunque a veces parezcas un poco "macarra", si lo haces con el tono justo sabrán que, en el fondo, eres "un bon noi".

23.9.22

Baila, Griñán, baila

Hay lecciones que sólo nos pueden dar los propios. Y por eso todo equipo debería tener un Puyol capitán eterno que recuerde a los joviales brasileños de turno que está muy bien meter goles y celebrarlos y ser felices y demás, pero que bailar en un córner puede parecerse demasiado a bailar sobre una tumba. Y que eso aquí no es costumbre y que nuestras costumbres y nuestros rivales también merecen un respeto.

Si te lo dicen los demás, los tristes, los perdedores, será siempre partidista, sectario, consuelo de tontos y, en ocasiones, especialmente en las que cuenten con la participación del Frente Atlético, incluso racista.

De ahí la importancia de que fuesen también los propios socialistas, aunque pocos, quienes se opongan al indulto a Griñán y le recuerden a la dirección sus propios principios y los precedentes que les llevaron al poder.

Porque si los brasileños pueden confundir una alegre lambretta con una cruel danza triunfal, también los socialistas pueden y suelen confundir la socialdemócrata redistribución de la riqueza con la corrupta prebenda y compra de votos y favores y demás.

Y es bueno que se lo recuerden los suyos para que pueda surtir algún efecto positivo. Algo que no sea la simple cerrazón sectaria o el aislamiento del vencedor que sólo pide, fíjese usted qué poquita cosa, que le dejen celebrar su poderío en paz.

Los pocos socialistas valientes y felices que queden deberían además atreverse a las comparaciones que los demás rehúyen. Con Vinicius y el Frente Atlético, claro. Pero también y sobre todo con los indultos del procés, el elefante blanco en el argumentario de la defensa. Porque, efectivamente, no son lo mismo. Pero aclaran algunas cosas. 

Por un lado, porque con el indulto a los golpistas el Gobierno tenía la esperanza, muy razonable, de ganar votos, apoyos y poder a corto plazo. Y, a un plazo tampoco muy largo, poder presumir de haber acabado, con su interesada clemencia y comprensión, con el procés. 

Con Griñán no podrían tanto. A corto plazo, el descaro, el sectarismo, la incoherencia, la hipocresía, la arbitrariedad y demás, de tan evidentes sólo podrían perjudicarles. A largo plazo, esta operación es enormemente útil y necesaria para hacernos olvidar la escandalosa corrupción socialista que cuestiona, y mucho, su presunta superioridad moral sobre la derecha. Pero es una inversión de futuro que no sé si Sánchez y su partido pueden permitirse ahora mismo.

Por el otro, porque los independentistas sí tenían motivos para hacer lo que hicieron. Motivos que podían explicar a los suyos y que no tendrían por qué esconder ni disimular ni siquiera ahora. Motivos para prometer y para presumir de lo que iban a hacer, como hicieron durante años y como fingen hacer todavía. Y motivos por los que pueden ahora pasar por mártires, que es todo el heroísmo que conocen. De ahí que ellos no puedan arrepentirse y que los suyos no puedan castigarles ni puedan perdonarles. 

Griñán, en cambio, ni podría presumir entonces ni se atreve a confesar ahora por qué lo hizo y por qué lamenta que le hayan pillado y tengan que indultarlo. Si se atreviese a confesar y se atreviese a arrepentirse, entonces quizás los suyos podrían perdonarle y la vergüenza que ve en el espejo podría ser pena suficiente.

Pero ese arrepentimiento del que hablan estos días sus indultadores yo no se lo he oído. Lo que sí que le he leído, en cambio, y con enorme vergüenza ajena, por cierto, es que la corrupción, su corrupción, es una fatalidad que le cayó encima. Como algo lamentable que no debería haber ocurrido. Como un tsunami, una plaga de langostas, o un "conflicto político" en las vascongadas.

Con esto quizá le llegue un poco justo para un indulto digno, pero para un par de bailoteos en el córner le llega de sobra.

16.9.22

¿La ANC? Populistas a mucha honra

Los líderes independentistas acabarán haciendo suyas todas las críticas que han recibido, incluso las justas. Hay quien a eso le llama madurar, y seguramente tenga razón. Y razón tendrá también quien crea que ese madurar tiene algo de renuncia, algo de desilusión y algo de hacer pasar el fracaso por aprendizaje de la complejidad. Que también, claro. 

Si siguen madurando, los procesistas acabaran aceptando hasta eso que dijo José María Aznar y que entonces sólo quisieron ver como amenaza o como boutade: que antes se partirá Cataluña que España.

Y serán los de ERC, mientras tratan de asegurar la unidad de la España de izquierdas y se lamentan por la división del independentismo. Porque, si puede dividirse el independentismo, ¿por qué no podría dividirse Cataluña? Es más, ¿no es la división del independentismo ya, en sí misma, una división de Cataluña? 

De momento, lo que seguro que se ha dividido es esa "sociedad civil" independentista que formaban Òmnium y la ANC. Y se ha dividido exactamente por dónde dictó Xavier Antich: los de la ANC son populistas y ellos, pues no. Si alguna vez fue diagnóstico, el populismo ya es sólo acusación de las élites cuestionadas y acomplejadas en su papel.

Así que lo mismo dará que le llamen populista como que le llamen populacho, porque la cuestión clave es que, en este nuevo reparto de cargos y cargas, la ANC es populista porque Òmnium es repositorio de élites. Y lo saben.

Sabe Antich, el filósofo hermano, que la ANC es populista porque en Ã’mnium mandan los que fueron y son y quieren seguir siendo alguien. Manda una lista unitaria que incluye, como en los buenos tiempos del procés, a gente dirigente de todos los partidos políticos y sensibilidades relevantes, desde convergentes hasta cuperos, pasando por periodistas supuestamente serios y periodistas supuestamente graciosos. 

En Ã’mnium manda la élite política y toda la élite cultural y mediática que han sido capaces de encumbrar. Y es todo tan plural y tan abierto y abarca tanto que lo que queda fuera de sus dominios por fuerza tiene que parecerles poquita gente y poquita cosa. 

Lo que queda fuera del enorme paraguas del sistema es populacho y es emocional y despreciable. Es, en realidad, la pobre gente que se creyó sus mentiras, sus promesas y sus proclamas y que, a diferencia de ellos, todavía no ha encontrado ni la necesidad ni el beneficio ni la excusa de renunciar a ellas. 

Es la gente a la que le basta seguir siendo nacionalista y nacionalista como ha sido siempre y a quien no le importa quedar como los tontos del pueblo porque nunca tuvieron necesidad de presumir de listos.

No son, los habrán visto, gente seria. Son gente incluso un poco infantil, como decía con razón el expresidente Artur Mas. Pero son sólo tan infantiles como lo eran entonces, cuando se les pedía que creyesen en promesas como la independencia en 18 meses y en planes astutísimos, nunca revelados para no dar pistas a los adversarios (y para no dar sustos ni vergüenzas a los propios). 

Son populistas y son infantiles y lo son a mucha honra. Porque las cosas siempre han sido más complejas de lo que les prometieron y si es natural aunque lamentable que las élites mediáticas, culturales y políticas dirigentes jugasen a la simplificación y a la exageración, también es normal que la fe del populacho sea algo más fuerte y persistente que las apetencias o intereses de las élites.

De lo que en realidad se acusa a la ANC es de no madurar al ritmo que marcan las élites. Pero al menos un populacho que no baile al ritmo que marcan sus dirigentes es siempre, al menos, un correctivo y un freno al cinismo y a los tejemanejes de los mandamases. 

Así que serán populistas, pero a mucha honra. Porque, a pesar de la canción y de los tempos, que el populacho no baile al son de las élites es condición necesaria, aunque por desgracia no suficiente, de la libertad.

11.9.22

¿La última diada? Nada que lamentar

El president Aragonès no va a la mani de la Asamblea porque ERC no puede compartir el manifiesto.

Es un manifiesto que considera las mesas de diálogo con el Gobierno español y las trifulcas internas en el independentismo. Y Esquerra no puede compartirlo porque Mesa y trifulcas son los dos ejes básicos de su política y el camino hacia una hegemonía política que debería durar lustros.

Esquerra no comparte el manifiesto porque el manifiesto está escrito en su contra. Pero todo el mundo sabe que los manifiestos importan más bien poco, que no los lee nunca nadie y que nadie medio normal podría compartirlos. Siendo muy generosos, casi nunca.

Si Aragonès no va a la mani y ERC manda una "escasa" representación es, simplemente, porque ahora se lo pueden permitir.

Porque Esquerra ya no tiene ninguna necesidad ni ningún incentivo en hacer ver que estas manifestaciones sirven para algo o que ellos se someten a la voluntad del pueblo. O, mejor dicho, porque ya no tiene ninguna necesidad ni ningún interés en seguir fingiendo que esas manifestaciones y esas asociaciones representan al pueblo. Porque ahora mandan ellos. Y, al menos aquí, quien manda elige al pueblo y a sus legítimos representantes.

Esquerra no va a la mani porque sabe, porque siempre supo, que la unidad independentista es necesaria. Ni siquiera importante. La unidad, está dicho por aquí, es sólo la trampa de los poderosos para acallar y someter a los discrepantes. Quien manda decide quién es el que crispa y rompe la unidad y pone en peligro el procés e impide "ensanchar la base". Y ahora mandan ellos.

Esta Diada y estas ausencias rompen la ficción de unidad,. Pero la unidad no existió ni siquiera en los momentos álgidos del procés, donde ni las listas unitarias y los peligros compartidos pudieron disimular las luchas y los repartos partidistas en las entidades soberanistas de la supuesta sociedad civil. Y diría yo que en ese reparto y en esas guerras la Asamblea Nacional Catalana ni es ni fue nunca de Esquerra.

Ahora que manda, Esquerra ya no tiene que someterse a los dictados de la sociedad "civil" ex-convergente. Y la Diada puede volver a ser lo que era antes, aunque con los papeles más o menos invertidos.

Ahora con Esquerra vendiendo seny desde el poder y con los ex-convergentes vendiendo rauxa desde quién sabe dónde. Ahora la Diada puede volver a ser un desfile de distintos partidos, asociaciones, grupos, grupúsculos y, como se dice ahora, distintas sensibilidades. Y acusándose unos a otros de traidores, pragmáticos, maximalistas, vendidos, comprados, tontos del pueblo y demás, en nombre del sueño, siempre compartido, de la futura independencia de Cataluña.

Para completar el retorno a esta vieja y presunta normalidad, Ciudadanos ha vuelto a instalarse en el discurso quejoso y a lamentar que la Diada ya no es de todos, como si lo hubiese sido alguna vez o pudiese llegar a serlo. Y, en lugar de asumir, con resignación o con orgullo (ellos sabrán) que en esta fecha tan señalada ellos, simplemente, no tienen nada que lamentar. Que tampoco ellos tienen nada que lamentar.

Porque es como si ya todo el mundo compartiese el sueño socialista de una pax catalana donde todo se parece mucho a lo que había antes. Pero como un poco más de izquierdas y un poco más dependiente del PSOE. Todo tiene un cierto aire de resignado retorno al status quo ante procés. Pero nunca se vuelve al mismo Brideshead y me temo que aquí todos vuelven un poco más viejos y un poco más cínicos pero no exactamente más sabios, ni más maduros, ni más razonables.

La Diada ya no volverá a ser como la habíamos conocido. Pero si la Diada ha muerto, nadie tendrá nada que lamentar.

8.9.22

Los fantasmas de la unidad

Sin darnos siquiera tiempo a sospechar que fuese obra de un loco o de un master en Comunicación Política empachado de House of Cards (la inglesa, pelotudos), enseguida salió Pablo Echenique a explicarnos que el presunto intento de magnicidio contra Cristina Kirchner era culpa de la crispación y de la división.

La división crispada, que es el nuevo fantasma que recorre Occidente entero ahora que populistas ya somos todos y que al neoliberalismo se lo están comiendo entre los chinos y la inflación.

Fueron la crispación y la división, que se dan ahora en todas las sociedades que gobiernan, y que no se daban antes, cuando eran oposición al sistema, y que suponen una terrible amenaza para la democracia y para la libertad y para el poder del pueblo, que es el suyo. 

Porque división es el nombre que los gobiernos dan a la pluralidad que cuestiona su ideología y que amenaza su poder.

Y la división es tan grave, tan extrema y tan global, que incluso el presidente de los Estados Unidos tuvo que preparar un acto para denunciar, con toda la solemnidad que la ocasión requiere, lo peligrosa que para la democracia es la oposición.

Era una escenografía oscura, de rojos y negros, y si no fuese Joe Biden un hombre tan mayor, tan preocupado, y también un poquito senil, que susurra como susurran la nueva izquierda y la vieja vejez, daría toda la impresión de ser parodia u homenaje a cualquier líder fascista, real o ficticio.

Biden dejó claro que los "MAGA republicans" son una terrible amenaza para la libertad, no sólo en América, sino en el mundo entero. Y lo hizo mientras su partido invierte millones de dólares para asegurarse de que los más extremistas de estos trumpistas ganan las primarias republicanas. 

Pero la situación es tan grave y el peligro tan extremo que el mismísimo presidente Pere Aragonès ha anunciado que ni él ni su partido asistirán este año a la manifestación de la Diada. No irán y punto, porque se ve que también el independentismo está dividido, por culpa de la ANC y demás gente que sigue prometiendo y diciendo ahora, ¡en pleno 2022!, lo que él y los suyos decían y prometían hace cuatro días y un par o tres de indultos. 

Y porque resulta, también, que ahora Aragonès y los suyos ya no tienen que fingir que el procés es de abajo arriba. Ahora que gobiernan ya no tienen que fingirse simples siervos del pueblo soberan(ista) ni tienen que hacer ver que las manifestaciones multitudinarias imponen mandatos populares o, simplemente, que sirven para algo.

Ahora que mandan ellos y ahora que el tiempo y el cansancio y el cinismo y el Gobierno central y todo lo demás les va a favor, ahora resulta que lo más preocupante es el unilateralismo de sus socios de Gobierno y las entidades que crearon a tal efecto y la extrema derecha nacionalista que crece silenciosa y agazapada en las sombras de su mismísima Generalitat. 

Si no fuesen todos demócratas de intachables credenciales se diría que lo que pretenden es alimentar la división que tanto lamentan para asegurarse de que nunca nadie mínimamente decente se olvide de votarlos a ellos ni se atreva, por la cuenta que nos trae, a cuestionar sus políticas o sus promesas.

Se trata de alimentar a la bestia, porque nadie nunca en estas derivas autoritarias ha pretendido en realidad acabar con la oposición ni todas estas cosas que decíamos cuando les llamábamos populistas. Porque un poder absoluto implicaría una responsabilidad absoluta. Y responsabilidad es justo lo que no se quiere. De lo que se trata, por lo tanto, es de tener una oposición desprestigiada, tan temida como impotente.

Las constantes apelaciones a la unidad, y más en estos momentos de emergencias de lo más variopintas, ahora que winter is coming, son sólo un arma para tener controlada a la oposición y, se diría, se sospecha, se insinúa incluso en algunas ciénagas digitales, que a la población.

You might very well think that, but I couldn’t possibly comment.

31.8.22

Pavel Nedved y la educación sexual de nuestras ministras

He visto a Pavel Nedved bailando con unas señoras sin camiseta y me ha sorprendido que en la prensa deportiva titularan como escándalo lo que en la prensa internacional ya nos habían enseñado a respetar como el derecho de las mujeres, o al menos de las jóvenes, a un poco de fiesta.

Me temo que nadie bailará por Nedved y por sus amigas como bailaron por Sanna Marin y las suyas, creyendo que sus tiktoks desafiaban a alguien, creyéndose valientes afganas por un ratito. Por aquel entonces llegaron antes los bailes en su defensa que los supuestos e insoportables ataques que estaba sufriendo. Cuando salieron las fotos de sus amigas besándose sin camiseta en lo que parecía ser la residencia oficial ya estaba todo bailado y no cabía ya ni la sospecha de que un discurso como el de Tokisha y unas fiestas que ni las de Johnson pudiesen tener nada de problemático.

Preferimos bailar en defensa de lo obvio y desafiando a nadie porque somos una civilización en retirada. Y no sólo en el frente ruso.

También en la ley feminista del día y en su defensa de la educación sexual, que se supone que ahora no existe o que existe, pero a la que hay que proteger del porno y de los colegas, que se ve que nos dicen cosas que no son.

Y es curioso, porque la educación sexual que se necesita es precisamente la que no puede competir con el porno y que tampoco está amenazada por él. La educación sexual que se necesita es la que puede darse y que al menos a mí me dieron en la clase de biología, sustituta seria del cuento de las abejas, y de la que uno sale con unas bases teóricas sobre las partes del cuerpo y sus usos y sobre los peligros de embarazos no deseados y enfermedades indeseables.

Y el porno ni explica ni desmiente nada de eso. Del mismo modo que las películas de Disney no desmienten las miserias del amor ni los momentos que nunca salen en las canciones.

Me parecía incomprensible la convicción de que el porno es competencia de la clase de biología hasta que vi el otro día a una de estas educadoras sexuales que se supone que pasan por los colegios cargadas de plátanos y preservativos explicando que quizás sí que algunos ejercicios de los que se proponen eran contraproducentes porque incomodan a los alumnos. Que los ejercicios en los que se les pide implicación en cosas como simular relaciones sexuales como en las bodas cutres generan, porque la naturaleza es más sabia que nuestros pedagogos, el lógico rechazo entre los adolescentes.

Es en ese terreno, el de la práctica, el de la gimnasia sexual, en el que el porno es competencia y, diría yo, preferible. El terreno en el que el porno no sustituye a la clase de biología sino a las más clásicas lecciones prácticas que, en épocas y sociedades pretéritas, ofrecían a los adolescentes la pederastia o la prostitución.

Es en ese terreno, en el que los adultos se proponen enseñar como colegas lo que sólo podrían enseñar como amantes, donde se ven tanto las faltas como los excesos de una educación sexual. Por esa manía de proteger a los jóvenes frente a las incomodidades de lo desconocido, que pretende enseñarles lo que no debería para que no salgan al mundo con tantos miedos y tantas dudas.

Un argumento, por cierto, muy recurrente en esa pornografía que tanto temen. Y que, en nombre de un paternalismo obsceno, que precisamente porque juega con los límites del tabú e incluso de la legalidad, nos recuerda, a nosotros y a nuestras primerísimas ministras, que hay cosas que es mejor tener que aprender solitos. Y que hay cosas que es mejor no enseñar.

24.8.22

Cuando un 'presunto culpable' pide la eutanasia antes de ir a juicio

Si el pistolero que disparó contra sus compañeros hubiese sido culpable, el debate no debería ser tan problemático. A los culpables se les encierra y se les sacan los cordones de los zapatos y se les saca el cinturón precisamente para que no se maten antes de cumplir sentencia. Porque sabemos muy bien, en contra de lo que decía la magistrada, que no siempre ni ante todo prevalece el derecho a la muerte digna.

A no ser, claro está, que muerte digna sólo sea la que autorice la magistrada.

Se les quitan los cordones y el cinturón porque se cree, claro, que el suicidio es una opción. Que habrá delincuentes que prefieran morir antes que vivir presos y culpables. Que hasta estos extremos llega y tiene que llegar el poder disuasorio de la cárcel, que es una de sus principales funciones junto con el castigo y la reinserción. Y que este poder es, de hecho, el fondo de uno de los más crueles argumentos en contra de la pena de muerte. El de que la muerte no siempre es suficiente pena, que la cárcel es peor.

Si fuese culpable no debería ser tan problemático porque ya sabemos que a los culpables no se les reconoce el derecho al suicidio, asistido o no. Porque se considera que no pueden elegir su sentencia.

El problema que tenemos aquí es que este hombre era, todavía, un presunto inocente. Y que esa condición pesa y tiene que pesar. Que esa condición es, para nosotros los civilizados, sagrada.

Si hubiese sido condenado, si hubiese sido declarado culpable, entonces podríamos haber contemplado una muerte digna. Podríamos haber entendido que también para nosotros una vida en esas condiciones de impedimento, presidio y culpabilidad no sería, simplemente, digna de ser vivida.

Pero el pistolero no llegó a solicitar nuestra compasión ni a pedir perdón. No nos ha dado ni tiempo de ser humanitarios. Hace menos de un año que disparó y hace pocos meses que pidió ser eutanasiado. Y no es un tema menor porque en este caso, tanto por la práctica de la justicia como por la práctica de la eutanasia, time is of the essence. Aunque en sentidos opuestos.

Que la justicia sea lenta, no por prudente y garantista, sino por dejadez o desborde, la hace menos justa. Que la eutanasia sea lenta, en cambio, no la hace menos compasiva o humanitaria, sino más. De ahí la insistencia en que la persistencia en el deseo de morir sea fundamental, por ejemplo. Y que precisamente por eso se considere distinta al suicidio, incluso asistido, que podría ser el impulso de un tremendo que pasa por un mal trance o una mala época.

Pero esta persistencia en el deseo de morir era aquí tan dudosa que la juez rechazó la petición de quedar en libertad a la espera de juicio por considerar que había riesgo de fuga. Y alguien que quiere huir es alguien que quiere vivir en libertad.

Y quizás este sea el problema de fondo, que es de tempos tanto como de principios. Si el juicio hubiese llegado antes que la eutanasia, quizás nos habríamos ahorrado este debate. Pero las cosas han ido al revés porque parecería que ya sólo pueden ir al revés. Que cada vez somos más rápidos (¿y menos garantistas, por lo tanto?) concediendo "muertes dignas" y más lentos celebrando juicios justos.

Que la muerte llegue antes que la justicia podría tomarse como una de esas miserias intrínsecas a la condición humana que lamentan los profetas. Pero que seamos más rápidos ejecutando que juzgando dice algo de nuestra sociedad, y no sé si muy bueno.