29.6.10

Polémicas sexuales

Hace unos días la Generalitat abrió un expediente a algunas clínicas donde se aplicaban terapias que prometían curar la homosexualidad. La estafa me parece bastante clara. No hay pastilla que cure la homosexualidad y prometerla es engañar al cliente. Por eso dijo acertadamente la consejera Geli que “no hay que confundir alteraciones emocionales en relación con la vivencia de la propia sexualidad. Los elementos emocionales son parte importante de nuestras consultas psiquiátricas, y a veces pasan por una orientación en entornos familiares y laborales”. Creo que estas palabras deberían bastar para tranquilizar a Duran, inquieto por si el homosexual que decide volver al armario no tendría el mismo derecho al apoyo psicológico que el padre de familia que decide salir de él.
Lo que diferencia a los psicológos expedientados de los curanderos es que éstos, al menos, prometen remedios inútiles para enfermedades reales. La OMS determinó el año 1990 que la homosexualidad no debía considerarse una enfermedad. Y ese deber es un deber moral. Eso es lo que diferencia a la homosexualidad de las enfermedades todavía incurables. La homosexualidad nunca tendrá cura. Por eso a las clínicas no se las condena por un error médico o por un engaño, sino por un error moral. Creo que es justo que así sea y que es justo que así se diga.
La misma Consejería de Salud de la Generalitat ha estado últimamente en el centro de otra polémica. Abrieron una web sobre sexualidad joven y un tipo muy disgustado salió en Intereconomía llamando guarra a la señora Geli. Los socialistas han salido a defender el honor de su consejera y de su obra de gobierno diciendo que la web sólo pretendía informar, y aunque lograron que el intereconomista pidiese perdón, lo cierto es que la defensa fue insuficiente. Porque dificilmente puede pretenderse que una web sobre sexualidad sea meramente informativa. De hecho, lo que se pretende es que los jóvenes hagan algo con esa información. Que hagan petting, algo que la Consejería considera muy recomendable antes de iniciarse en la penetración, pero también otras cosas que les parecerán mucho menos divertidas, como usar el preservativo para evitar enfermedades y embarazos no desados. Es evidente que la página tiene una vocación formativa y eso es mucho más problemático de lo que se pretende.
Yo soy demasiado joven para recordar aquellos tiempos en los que podías quedarte ciego de un escalofrío. Y soy todavía demasiado joven para haber olvidado la cantidad de información de que disponíamos sobre el tema, incluso antes de que empezase a interesarnos realmente. No creo que en los últimos años hayan cambiado mucho las cosas. No creo que se haya vivido un resurgir del discurso catolicón en nuestras aulas, ni que la cantidad de información disponible haya disminuido. Y, en cambio, parece que estamos mucho más preocupados que antes por los embarazos no deseados. Creo más bien que la culpa de tantos embarazos no deseados entre jóvenes no la tiene la desinformación sino la irresponsabilidad. Y creo que eso tiene mucho que ver con el miedo de nuestros políticos y nuestros maestros a reconocer que educar tiene mucho más que ver con formar que con informar, con forjar personalidades que con celebrar la espontaneidad de los jóvenes adornándola con condones de sabores. Me parece que lo que está mal en nuestras escuelas y en nuestros jóvenes es que ya no nos preguntamos qué está bien.

Artículo publicado en Filosofías, blog de Factual.es

En el fons de tot arrauxat, en aquest país, potser no hi ha res més que un home enervat i fatigat de sentir-se tractat permanentment de bufanúvols i de ximple. Vull dir que hi ha arrauxats que no són res més que homes explícitament desafiats.

Josep Pla. El quadern gris, 24 de març

21.6.10

Reduciendo al absurdo

El gobierno no debería mezclar el tema del burka con ninguna ley que pueda recibir el nombre de ley de libertad religiosa. No debería mezclarlo porque haciéndolo da a entender que va a limitar la libertad religiosa en defensa de algo superior a ella. Y es difícil saber exactamente qué puede ser ese algo en un estado de derecho, democrático y liberal, que no sólo garantiza esa libertad sino que encuentra en esa garantía su propio origen y fundamento. Así, es normal que en dicha ley encuentren una buena excusa para ofenderse los ‘populares’, que se diría que tienen muchos menos reparos en prohibir símbolos de religiones foráneas que de las religiones “de casa”. Y normal es también que se ofendan los musulmanes, que encuentran en el debate buenas razones para creer que la única libertad religiosa que va a verse limitada va a ser la suya. Y aunque pudiese ser sólo una sensación, un gobierno no debe olvidar nunca que en política las sensaciones son importantes.
Lo que debe hacer el gobierno no es prohibir algunas prácticas religiosas sino lo que puede hacerse en nombre de la religión. Tomada como principio, esta afirmación podría ser muy problemática cuando nos encontráramos con religiones que promoviesen prácticas incompatibles con nuestra vida civil pero que fuesen condición sine qua non para sus fieles. En cualquier caso, éste no es el problema del burka. El burka es, por así decirlo, accesorio a la religión musulmana, y un accesorio de origen y función propiamente políticas. Por eso me parece que ningún gobierno debería dudar sobre su legitimidad para legislar sobre su uso (aunque pudiera tener muchas dudas sobre si debe prohibirlo o no, que es otra cuestión), ni debería mezclar el asunto del burka con el de la libertad religiosa. Eso es, por así decirlo, lanzar el mensaje equivocado. Con los efectos indeseados e indeseables que este mensaje pueda tener en el trato con el islamismo radical.
A pesar de eso, la forma que está tomando la protesta de los islamistas supuestamente fundamentalistas es una gran muestra de integración. Según éste reportaje de El País, los salafistas querrían romper con Occidente, pero no han encontrado mejor manera de defenderse que servirse de las armas que el enemigo pone a su disposición: el amparo de la ley y el discurso de la libertad. Y viendo algunos de los argumentos que utilizan para defender el derecho de sus mujeres a llevar el burka casi me atrevería a afirmar que nuestros salafistas no son más que liberales reducidos al absurdo. Que actúan y hablan como occidentales, aunque no por ello dejen de ser una amenaza para Occidente. Sus argumentos son una reductio ad absurdum de nuestros propios tópicos ideológicos. Sobre los comunes discursos del supuesto derecho de las mujeres a vestirse como quieran, que se basan en la creencia de que toda apetencia corresponde un derecho (el derecho de comer helado de coco, por ejemplo), y que la libertad individual es el fin último al que tiende toda sociedad que merezca la pena ser defendida. Contra lo que tiende a considerarse, el problema de las reducciones al absurdo no lo tienen los reductores sino los argumentos. Éste es un buen caso para entender a qué debería referirse quien repite incansable que con los asuntos islámicos hay que alejarse de tópicos.

Artículo publicado en Filosofías, blog de Factual.es

19.6.10

El fútbol, teología política

No soy de los que se lamentan de la presencia masiva del fútbol en nuestros periódicos y telediarios. Y mucho menos, de los que lamentan que grandes escritores dediquen sus horas a seguir y comentar la actualidad deportiva. No creo que haya muchas tares tan importantes ni que merezcan nuestra detenida atención. De hecho, soy más bien de los que cree que toda esa información y toda esa literatura son de gran utilidad para entender cuestiones no estrictamente futbolísticas.
Por ejemplo, cuestiones políticas fundamentales, como comentábamos con la excusa del “Visca el Barça i Visca Catalunya”, que tanto nos enseña sobre el Barça y sobre Cataluña. Como dice Leo Strauss, toda sociedad se caracteriza por reverenciar algo. Basta, por tanto, con conocer ese algo para descubrir cuál es la verdadera naturaleza de esa sociedad. Del mismo modo que el fútbol es un evento político de primer orden porque nos enseña algo básico de la política, es también una cuestión teológica de gran importancia, que nos enseña algo fundamental sobre el lugar de la religión en nuestra sociedad.
Digo esto porque se ha llegado a afirmar que el fútbol ha substituido a la religión y que los futbolistas serían, junto con los actores y cantantes pop, algo así como los dioses de un nuevo politeísmo. Por no ir demasiado lejos, Vázquez Montalbán llegó a llamar al fútbol “una religión en busca de Dios”. Sería algo así como sucede con los luchadores de sumo en Japón, y algo con lo que no estarían en absoluto de acuerdo los napolitanos, que hace tiempo que conocieron el arte de Maradona y dejaron de buscar. Pero, excepto para japoneses y napolitanos, esto es sólo un tópico, y especialmente exagerado. Tratándose de un tópico, sin embargo, resulta precisamente mucho más significativo cuanto más exagerado es.
Eso lo vio Nietzsche. Cuando la lectura de la pregaria matutina ha sido substituida por la lectura del periódico matutino, cuando lo mismo y eterno es substituido por lo distinto y efímero, hay que ser algo así como un superhombre para no dejarse llevar y atreverse a desear el eterno retorno de lo mismo. Como no somos superhombres sino lectores de diarios, a la muerte de Dios sólo podía seguirle el rutinario desfile de ídolos ocasionales. Con todo lo de embrutecedor que esta ocasionalidad y esta idolatría pueda tener para nosotros, y con todo lo trágico que eso pueda tener para esos ídolos caducos, que si de jóvenes no suelen estar preparados para la fama, las mujeres y los millones, aún menos parecen estarlo para la modesta vida en el anonimato a la que están llamados.
Todo este juego de reverencia y olvido, de celebración de lo pasajero, de esos títulos que hay que ganar cada año para que no se nos olvide que somos los mejores del mundo, todo esto caracteriza nuestra sociedad. Es por ello no sólo justo sino necesario que tengamos al fútbol siempre presente en nuestras reflexiones.

Artículo publicado en el Magazine de Factual.es

15.6.10

Fútbol y política

Ha ganado Rosell y ya sólo cabe esperar que no nos falle y que, ya desde el primer día, empiece a incumplir las más revolucionarias de sus promesas electorales. No pretendió nunca pasar por un candidato continuista, algo de gran mérito viendo la situación del club, y lo cierto es que muchas son las diferencias entre el presidente saliente y Sandro. Muy pocas, sin embargo, son las que ha convertido en bandera electoral. Quizás la principal sea su total rechazo a mezclar fútbol y política, algo que tampoco ha sido el único en criticar al presidente Laporta. Pero pocos clubes hay en el mundo en que esta falacia se vea tan clara como en el Barça. De hecho, casi parece que no hay nada más político en nuestro país que el fútbol. Y, para entendernos, para nada es casual ni depende de ninguna ninguna iniciativa institucional que el Camp Nou se llene de senyeres y el campo del Español de banderas “constitucionales”.
Después, claro está, viene el trabajo de los políticos “profesionales”. De los diputados y los hombres de partido, dedicados a la aritmética parlamentaria, a la administración y al reparto de presupuestos y cosas varias. Pero éstas no dejan de ser cuestiones secundarias, derivadas del sustento último de toda legalidad y que se expresa en el Camp Nou con el grito de “Visca el Barça i Visca Catalunya”. También allí se ve hasta qué punto es exagerada esa retórica de la lejanía de la nacionalista clase política con el sentimiento popular, supuestamente indiferente respecto a estas cuestiones. Y se entiende hasta que el PSC sólo ha podido llegar a gobernar el país asumiendo que si algo tan popular como el Barça iba envuelto en la bandera, el socialismo no podía ser menos.
Cuando Sostres dice que el Barça es el ejército de Catalunya, por ejemplo, es cierto que dice poco sobre lo que debe ser un ejército, pero sí mucho más que muchos libros de historia sobre lo que es ser catalán. O cuando Arcadi Espada afirma que, al menos ellos, los del Madrid, cuando ganaban lo hacían “sin añadir aceitosas lecciones de pedagogía social”, señala sin duda uno de los más irritantes hechos diferenciales, el de la permanente voluntad pedagógica de los catalanes. También en esto van juntos, porque la tan sobada pedagogía catalana es y siempre ha sido únicamente una manera de negar el conflicto. Y ya que estamos con la pedagogía, mucho más y mucho mejor han hablado de valores un Barça campeón y un anuncio de cerveza que todos esos pedagogos convencidos (seguramente con razón) de ser substituibles por un PocketPC.
Si no hay que mezclar el fútbol con la política es exactamente por la misma razón por la que Kierkegaard se negaba a mezclar la religión con la política; para no rebajarlo. Pero es que en realidad la pretensión de separar la realidad del país de la del club escapa al poder del presidente del Barça. Lo más que puede decidir es si cree que un presidente debe, puede y quiere responder de esta realidad.

Artículo publicado en Filosofías, blog de Factual.es

14.6.10

Quit Facebook's day

El passat dia 31 de Maig va ser el Quit Facebook's day. Uns quants usuaris de la famosa xarxa social van escollir aquest dia per donar de baixa els seus comptes. Pel que sembla, el seu principal motiu és la preocupació per l'ús que Facebook pugui fer de les seves dades personals. Segons diuen a la seva pàgina web, creuen que les possibilitats que ofereix la pàgina per controlar el nivell de privacitat de la informació són equívocs i difícils d'utilitzar, de tal manera que l'usuari ho té complicat per saber qui té accés a les seves dades.

Conèixer l'èxit d'aquesta estranya celebració és complicat, però és d'esperar que el costum i la mandra hagin sigut més forts que la sacrificada defensa dels drets civils i que la majoria dels preocupats segueixin sent usuaris de Facebook. De fet, un d'aquests usuaris que segueixen fidels i preocupats, Daniel Lyons, escrivia a l'últim número del setmanari Newsweek que està pensant en desactivar el seu compte perquè, tot i que el considera molt pràctic, té por que la seva informació estigui en mans de gent en qui ell no confia. I un altre d'aquests usuaris que pateixen escrivia fa poc a The Economist que el pitjor de Facebook són els seus prejudicis contra la privacitat, que fan que per defecte les dades de l'usuari siguin públiques i que hagi de ser aquest qui, si no les vol a l'abast de qualsevol, ha d'indicar-ne el grau de privacitat. No cal dir que les sospites del The Economist són del tot fonamentades. El mateix fundador de Facebook, el jove Mark Zuckerberg, les havia confirmat dies abans afirmant que si fos ara el faria totalment obert.

Si aquests discursos proteccionistes no passessin de ser una simple recomanació empresarial o una exposició de preferències per part de l'usuari, el tema no mereixeria gaire comentari. Però en la mesura en que pretenen erigir-se en defensors de la privacitat de l'internauta, la hipòtesi d'una xarxa com Facebook totalment oberta és molt útil per entendre dues coses fonamentals. La primera és que les preocupacions dels usuaris són exagerades. La segona, que el problema de la privacitat és de responsabilitat personal i que no es tracta de decidir si hem o no hem de renunciar al dret a la intimitat sinó d'entendre'l dins l'àmbit que li és propi. I aquest àmbit no és, evidentment, el de la plaça pública, per molt que d'aquesta plaça en diguem virtual. I que les preocupacions dels usuaris són exagerades ho demostra el fet que fins i tot en el pitjor dels seus somnis, en el terrible món Zuckerberg, encara serien ells els encarregats de decidir si volen o no volen formar part de la xarxa social i quina informació hi volen publicar i quina no. Aquesta terrible hipòtesi els hauria de servir com a consell de prudència, per entendre que el millor que es pot fer si no es vol que una informació sigui pública és no publicar-la. I hauria de servir, per tant, per entendre que la responsabilitat recau sempre en els usuaris, i que tot el que es pot exigir als servidors és que respectin el pacte que els vincula. Hauria de servir per fer entendre als usuaris que els primers encarregats de vetllar per la seva intimitat són ells mateixos. Internet és ara mateix una nació d'exhibicionistes exigint intimitat i la solució a aquesta paradoxa no són moltes més promeses de privacitat sinó molt menys exhibicionisme.

Article publicat a l'Espai Hayek de la FCO

7.6.10

Desorientación


Una cierta desorientación caracteriza el pensamiento político contemporáneo. Seguramente no sea más que el corolario a eso que hemos dado en llamar el fin de las ideologías y el final de la historia, que evidencia una difusión de las fronteras entre Oriente y Occidente y que simboliza ejemplarmente la caída del muro de Berlín. Casi parece que todo discurso político es hoy el eco de la decadencia de Occidente.
Es habitual pretender salir de esta inquietante situación con una reorientación, con un revolver la mirada hacia Oriente. Y ya no, como se solía en tiempos de guerras frías y mundiales, para hacer de ellos un nosotros. Más bien para huir de lo que tanto nos inquieta de nosotros mismos. En la más burda versión de este proceso, los catalanes podemos presumir de tener las consejerías mejor orientadas según los preceptos Zen. Pero también las lluviosas noches londinenses son tomadas por hare krishnas, nuestras abuelas han dejado la gimnasia y combaten el reuma con sesiones de yoga y meditación y hasta nuestras ensaladas han sido invadidas por hierbajos que ni el más sanguinario torero haría comer a sus víctimas.
En una versión pretendidamente más elegante e intelectual, ha aparecido en los estantes de nuestras librerías un departamento de “filosofía oriental” (sic). Y viendo cómo están capeando la crisis los chinos, parece que no son pocos los que vuelven a pretender que lo mejor del comunismo es un buen substituto para lo peor del capitalismo.
Pero el problema del pensamiento político no es la intermitente aparición del referente oriental, sino la voluntad misma de orientación, de marcarse un objetivo y pasar a la acción. Para decirlo con Marx, de dejar de interpretar el mundo para tratar de transformarlo. Y, para decirlo con Vattimo, el problema del pensamiento político es que ya no crea posible aprender nada sobre la sociedad política y que cuando uno se lanza a leer sobre el asunto la más prudente actitud sea la de tratar de descubrir qué moto nos quiere vender el autor.
La pretensión de este blog no es la de vender ninguna moto. Tampoco la de combatir las proclamas orientalistas de nuestros gurús radiofónicos y nuestras verduleras. Pero eso no quiere decir que este blog no sea pretencioso. Su pretensión es, de hecho, mucho mayor. Como, por así decirlo, aquí no esperamos nada de la soja ni del comunismo, vamos a tratar de convivir con la desorientación política. Vamos a tratar de leer a nuestros clásicos como los maestros que pretendían ser, y a nuestros contemporáneos como los maestros que niegan poder ser. Vamos a tratar de aprender hasta de aquellos que nada creen que se pueda ya enseñar. Y, sobre todo, seguiremos tratando de evitar que las decepciones de la política nos sorprendan demasiado.

Artículo publicado en Factual.es

1.6.10

El nou Factual

Condenados abstencionistas

No me hagan mucho caso, per podría ser cierto que CiU, con su abstención, hubiese salvado algo más que el Plan de Ajuste y hasta que la cabeza de Zp. Podría ser cierto que CiU hubiese evitado la tragedia griega de España. Y de ser esto cierto, votar en contra resultaría una mayúscula irresponsabilidad histórica. Entonces sería justo decir que Durán se lavó las manos. Por la gravedad del gesto, claro. Porque aunque el suyo, a diferencia del de Pilatos, fue un abstenerse salvífico, de nada le hubiese servido para ahorrarse el juicio de la historia. Así que yo, como Nebrera pero justo al revés que ella, veo en el gesto mucho más que un anecdótico movimiento de politiquería partidista. Veo en el gesto una auténtica lección política. ¡Qué política! Yo veo en el gesto de Durán una lección existencial. Para decirlo con Sartre, y sin que sirva de precedente; “estamos condenados a ser libres", a elegir y esa condena es tal que hasta cuando optamos por no elegir, cuando preferimos lavarnos las manos, ya hemos tomado una decisión. Sólo por eso se explica que podamos exigir que nuestros político se responsabilizen hasta de sus abstenciones. Por eso Weber consideró que la ética que correspondía a la profesión de político le correspondía era la ética de la responsabilidad, y por eso se equivoca Nebrera cuando afirma que Durán “lleva toda la vida en política sin haber asumido jamás una responsabilidad poco más de un cuarto de hora”.
El caso es mucho más que anecdótico porque Nebrera, como tantos otros, aprovecha el caso para cargar contra la profesionalización de la política, a la que considera “lucrativa” y “acomodada”. Y aunque parece cierto que la política de este país es una profesión "acomodada", no parece que sea en realidad una profesión especialmente “lucrativa”. O, por así decirlo, lo que nos hace pensar que es lucrativa en demasía, no es que los sueldos de los políticos sean demasiado altos, sino el convencimiento de que gran parte de nuestros políticos vivirían peor fuera de la política que dentro de ella. Hasta el punto de que es ya un tópico afirmar que nuestros políticos no están suficientemente preparados y que las personas realmente válidas prefieren dedicarse al mundo de la empresa. De dar por bueno el razonamiento, parece que si en realidad se trata de atraer a los mejor preparados a la política un buen modo de hacerlo sería, precisamente, el de convertir la política en verdaderamente "lucrativa". Y reformar el sistema para que fuesen ellos, y no los medradores, los que llegasen a ocupar los cargos de mayor responsabilidad. Por ejemplo, con listas abiertas, elecciones primarias o similares. Algo que, dicho sea de paso, impediría a su vez que la política fuese una profesión demasiado "acomodada".
Pero en realidad todo esto no soluciona el mayor de los problemas, que no es otro que la dificultad de saber en qué consiste exactamente una buena preparación política y, aún, si esa puede ser enseñada en una universidad, por buena que esta sea. Es decir; la dificultad de saber qué se necesita para ser un buen político del siglo XXI y de saber si ese político nace o se hace. La recurriente apelación al éxito fuera del mundo de la política, por ejemplo, presupone algo que no creo que debamos dar por hecho, ya que las habilidades necesarias para triunfar en el sector privado podrían no ser las mismas que se necesitan o deberían necesitarse para triunfar en el sector públicio O, dicho de otro modo, presupone que no hay nada, realmente nada, que diferencie el interés privado (que se presigue en el mundo de la empresa) del interés público, otrora conocido como bien común (al servicio del cual debería estar la política). Podría ser así, pero creo que actuar como si estos temas hubiesen sido definitivamente resuletos con cuatro tópicos, es hacerle un flaco favor a esta política que pretendemos mejorar. 

Artículo publicado en Factual.es