29.11.13

¿Quién necesita a los socialistas?

Cualquiera diría que los únicos que no se preocupan por el futuro del PSC son sus dirigentes. Parece que les empieza a pasar como aquel simpático eterno candidato, creo que era el alcaldable Trias, que se lamentaba por caer muy bien a quienes jamás lo votarían. Con la pequeña diferencia de que en realidad los socialistas catalanes ya no caen bien a nadie y que quienes tanto se preocupan por ellos lo hace convencido de que los socialistas huyen como dicen que huyen las ratas de un barco que se hunde. Que cuando los gritan que qué hacen y que si si se han vuelto locos y que si no ven que se ahogarán, lo hacen como debe hacerlo el marinero debe llamar las ratas que huyen. No por amor a las ratas, sino por amor al barco. No es que les preocupen las ratas, porque a nadie le preocupan las ratas. Lo que les preocupa es que huyan, porque todo el mundo sabe que cuando las ratas huyen es que el barco se hunde. La preocupación por los socialistas catalanes y por su futuro no es más que es un simple lamento porque, como decía el Presidente Mas, se "van cuando más se les necesita". Porque mientras hay ratas hay esperanza.
Es evidente que las metáforas marineras tienen un recorrido limitado y que, del mismo modo que no todos los barcos que zarpan llegan a Itaca, tampoco todas las ratas que saltan se salvan. Pero si toda rata que salta pone en duda la seguridad del buque, que el PSC se eche atrás nos obliga a dudar de la seguridad del proceso, de la consulta basada en el llamado derecho a decidir. Porque pone en duda dos cuestiones fundamentales. La primera, que en Cataluña haya o esté creciendo una clara mayoría independentista y claramente independentista. Una mayoría que no sólo esté dispuesta a responder independencia en una encuesta sino también a votarla en las urnas. Porque esta es la es la condición imprescindible de la independencia y la única justificación posible del proceso, aunque no sea en absoluto una condición suficiente y aunque a menudo se olvide tras la retórica del liderazgo y del sentido histórico y de la fuerza del pueblo en movimiento y etc. La segunda, que España vaya a estar dispuesta en algún momento a ceder su soberanía, un poco porque sí y un poco a cambio de nada. Porque sólo puedo entender la retórica del derecho a decidir como una manera de obligar a los catalanistas a asumir las consecuencias de su discurso habitual y de hacer evidentes los límites de lo que los catalanes podemos conseguir dentro de España. La fuga del PSC pone de manifiesto que ningún partido puede permitirse el lujo de ser lógicamente más consecuente que sus votantes , y que por eso es posible que la mayoría independentista ni esté ni se la espere. La fuga del PSC evidencia que el PSOE , en caso de que algún día volviera a gobernar, no estaría más dispuesto que el PP a permitir un referéndum de autodeterminación de Cataluña.
Evidentemente, estas no son noticias especialmente preocupantes para el independentismo. El independentismo puede entender muy bien que en el fondo la vía de la consulta y el derecho a decidir no es mucho más que una tercera vía, una vía desleal pero española y por lo tanto doblemente equivocada, que intenta imponer de facto un cambio constitucional que reconozca la soberanía de Cataluña por si algún día nos decidimos a ejercerla. Que pretende que el Estado renuncie a su soberanía para ahorrarnos la faena de afirmar nuestra. Así que más preocupante podría parecerles la fidelidad de Junqueras a esta vía, una fidelidad que demuestra cuando amenaza con detener la economía catalana con un poder que ni tiene ni puede tener mientras se niega a contemplar la posibilidad de ejercer el poder, que no tiene pero podría tener, para hacer una declaración unilateral de independencia. No sea que al final también a ellos la prudencia los haga traidores y que por querer hacer las cosas de una manera tan legal y democrática se olviden de lo que habían venido a hacer, que no es otra cosa que romper con la ley.