3.10.13

Sobre Cercas, la democracia y lo demás

Vuelvo al artículo de Cercas, porque a estas alturas y viendo las muchas respuestas que ha recibido, ya no sé si me sorprenden más las críticas o los elogios. Y confieso que, en su mayor parte, el artículo me parece incomprensible. O, para ser más exactos, me parece que el artículo parte de lo falso para ir avanzando a tientas entre lo obvio y lo falaz y vuelta a empezar.
Cercas parte del tópico del totalitarismo soft o el unanimismo, basado en la evidente falsedad de que la única información que recibimos los catalanes es la propaganda gubernamental que nos llega a través de medios públicos y subvencionados (aunque querrían decir sobornados), controlados todos por la Generalidad. Imagina Cercas que en algún pueblecillo asturiano deben estar mejor informados de lo que pasa en Cataluña de lo que estamos en Cataluña, y alguien habrá porque hay gente pá tó, pero no.
Aquí también se leen El Mundo, Abc, El País (como bien sabe Cercas) y también se ven Antena 3 y Telecinco y tantos más, aunque entiendo que menos de lo que querrían los interesados. Como entiendo e incluso comparto cierta incomodidad para con el discurso mayoritario, la política del Gobierno autonómico, algunas ilusiones del independentismo y el triste y para muchos novedoso hecho de sentirse parte de una creciente e incomprendida minoría, que encima y como debe ser está segura de tener razón.
Pero a pesar de todo eso, y a pesar de lo que se piense sobre los medios públicos y sobre la política de subvenciones a los medios de comunicación y sobre el rigor o la política (in)formativa de los medios públicos y subvencionados, es una evidente y malévola absurdidad (así de fino soy yo) llamar totalitarismo a algo de lo que se escapa cambiando de canal o de periódico. Pero, en realidad, lo problemático sería precisamente que en Cataluña muy poca gente cambiase de canal, y los catalanes se dividiesen entre aquellos que se informan en catalán y los que se informan en castellano, con todo lo que ello supone, pero que no supone nada digno de ser llamado totalitarismo.
Hay mucho de obvio en lo que dice Cercas sobre el derecho a decidir y algo de falaz en su conclusión. Lo obvio es que la Constitución española dice lo que dice y dice que la soberanía recae en el pueblo español. Y, que, por lo tanto, Cataluña será lo que sea pero no es, ni puede ser dentro del marco de esta Constitución, una nación soberana con el consiguiente derecho a la autodeterminación (que vendría a ser la versión para adultos del llamado "derecho a decidir"). Y obvio es también que uno no tiene ningún derecho a saltarse la ley cuando le venga en gana.
Lo incomprensible es que, dicho esto, pueda afirmar que los catalanes tenemos derecho a decidir sobre nuestra independencia. Porque esto no es así. Y, parecería evidente, pero ya nunca se sabe así que insisto: no tenemos derecho a decidir sobre nuestra independencia porque no somos soberanos, aunque precisamente porque no vivimos en un Estado totalitario podemos pronunciarnos y nos pronunciamos sobre la independencia, las mujeres, el fútbol y lo demás. Como es evidente, también Cercas puede y suele hacerlo.
Evidentemente, esto no afecta ni resuelve la cuestión, muy otra, de dar salida a la situación actual, para la que yo no tengo solución alguna y para la que tampoco me parece que haya solución buena. Siendo ese el caso, seguramente la solución Cercas no sea de las peores. Tiene al menos la virtud de aquel rey del Principito, que sólo ordena lo que ya sucede para no cagarla, siendo en este caso que lo razonable pasa por ser la política del gobierno, que debe seguir sin hacer lo que no hace esperando a que CiU se la pegue solita y que será una buena política o no lo será según sople el viento.
Y cierra en círculo y en falso al afirmar que "se puede ser demócrata y estar a favor de la independencia, pero no se puede ser demócrata y estar a favor del derecho a decidir, porque el derecho a decidir no es más que una argucia conceptual, un engaño urdido por una minoría para imponer su voluntad a la mayoría". Cierra en falso, decía, porque uno puede ser perfectamente demócrata y estar a favor del derecho a decidir. Porque uno puede ser demócrata y estar equivocado sobre lo que implica y significa el llamado "derecho a decidir" sin que eso le convierta en un fascista totalitario sino en un demócrata de tantos, un demócrata equivocado, que es precisamente el modo más habitual de ser demócrata.