15.7.13

Le persecución de Moby Dick

Concluye Juliana su artículo sobre Moby Dick con esta cita de Sloterdijk: 
La obsesión por Moby Dick simboliza el lado luciferino de la navegación euroamericana, el lado nocturno del proyecto de la Modernidad colonial. La blanca ballena nos dice que el infierno es lo exterior (En el mundo interior del capital, Siruela). 
Y con esta obligada conclusión de actualidad:

"Hay algo de Moby Dick en el actual momento de España. La atracción por el abismo"

Al leerlo recordé las reflexiones de Carl Schmitt en Tierra y mar. Este fragmento en particular:
Herman Melville, que sirvió varios años como marinero a bordo de un ballenero, describe en su Moby Dick cómo existía allí una relación, que podíamos llamar personal, y una íntima conexión, al par amistosa y hostil, entre el cazador y su presa. El hombre, en su lucha con otro ser viviente del océano, veíase impelido más y más hacia la profundidad elemental del existir marino. 
Estos balleneros surcaban de norte a sur y del Atlántico al Pacífico la esfera terrestre. Siempre en pos de las misteriosas rutas de la ballena, descubrieron islas y continentes. En el libro de Melville, uno de aquellos navegantes, al conocer el libro del capitán Cook, el descubridor de Australia, dice: "Este Cook escribe libros sobre cosas que un ballenero no escribiría en su cuaderno de bitácora". ¿Quién ha abierto el océano a los hombres?, pregunta Michelet. ¿Quién ha descubierto sus regiones y sus rutas? En una palabra: ¿quién ha descubierto el globo terrestre? ¡La ballena y el ballenero! Y todo esto independientemente de Colón y de los famosos buscadores de oro que sólo encontraron, con gran algarabía, lo que ya habían encontrado los pescadores del norte, de la Bretaña y del País Vasco. Eso dice Michelet, y añade: "Tales balleneros son la más alta expresión del valor humano. Sin la pesca de la ballena los pescadores no se hubiesen alejado nunca de la costa. La ballena les ha atraído hacia el océano y emancipado del litoral. Gracias a ella se han descubierto las corrientes marinas y el paso del Norte. La ballena nos ha guiado".
La conclusión de actualidad bien podría ser otra:

Lo que nos mueve y nos define quizás no es tanto la atracción por el abismo como el ser perseguidores de la bestia, de lo que nos espanta u horroriza. Bien pudiera ser que en esta persecución nos viésemos arrastrados hacia el abismo, porque es propio de nuestra condición el que, incluso en esas raras veces en que tenemos claro lo que perseguimos, no sabemos nunca lo que nos vamos a encontrar. 

Como solía decirse, España y nos somos así.