27.3.11

Cada loco con su guerra

Se decía que la guerra era la continuación de la política por otros medios. Otros medios mucho peores, se entendía. Incluso se llegó a creer que era el peor de los medios. Pero se suponía que, al menos, podía ser el medio hacia algún fin noble. Hoy vamos a la guerra, mucho más orgullosos y mucho más convencidos de hacer el bien que ayer, sin siquiera saber qué bien esperamos hacer. Es comprensible, puesto que es mucho más difícil alcanzar un acuerdo sobre el bien que perseguimos que sobre el mal del que huimos. ¿Será que sólo podemos ir juntos y contentos, en sagrada alianza, mientras nadie se pregunte hacia dónde vamos?  Y ya que no tenemos objetivo, ¿no podría ser que, sin saber cómo ni por qué, estuviéramos librando una guerra en favor de la guerra justa? ¿Que gane el mejor?

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También Sarkozy nos atrapa porque es precisamente como lo esperábamos. Con toda la erótica del poderoso y con una inusual clarividencia para diferenciar sin titubeos entre el amigo (a quien se le plantan Haimas y se le venden armas) y el enemigo (a quien se le plantaban Haimas y se le ofrecían armas). Nada que ver con ese flácido llorica de Berlusconi. ¿Como alguien capaz de ir a la guerra contra un buen amigo no va a ser capaz, ante semejantes bellezas, de confundir el contante con el sonante?

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Obama parece entender muy bien que, ante la desgracia de tener que trabajar, es preferible ser presidente de China que de los Estados Unidos. Ya lo habían advertido hace tiempo Spiderman y los neocon: un gran poder implica una gran responsabilidad. Y tener el mayor ejército del mundo es tener mucho poder. Desde que llegó a la Casa Blanca, Obama ha aspirado a convertir-se en un irresponsable en política exterior. Su retórica en favor del multilateralismo es la muestra más visible de sus intenciones. Pero era una pretensión absurda, porque no es responsable quien quiere sino quien puede. Por eso el multilateralismo es poco más que una noble mentira. Porque, en último término, el único que puede es Obama. Lo único que Obama no puede, a diferencia de su envidiado colega chino, es ser un irresponsable. Y no porqué no deba sino, simplemente, porque no puede.

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De Irak a Libia. La resolución de la ONU sobre Libia se parece muy mucho a la resolución de la ONU sobre Irak. Pero la resolución de los ciudadanos parece ser muy distinta. En justa correspondencia, también parece serlo la de Zapatero. Intervenir en los asuntos internos de otro país es más o menos lo mismo que intervenir en los asuntos internos de otro país. Defender a un pueblo de los ataques de su dictador es casi lo mismo que defender a un pueblo de los ataques de su dictador. Y qué decir del oro negro, que también tienen los libios y que tampoco ahora tocaremos. Cabe suponer que la diferencia es que en Libia habíamos visto la historia en movimiento, mientras que en Irak todo, hasta el mal, seguía su rutina habitual. Y necesitábamos estar en el “lado correcto de la historia”. Para eso no era necesario ver a los muertos libios ni para hablar de genocidio ni para solucionarlo. Esta vez, simplemente, no luchamos por ellos sino por nosotros. Esta vez luchamos en favor de la revolución triunfante y ya sabemos que a nosotros nada nos pone más que soplar a favor del viento. 

1 comentari:

Rubén ha dit...

Te ha faltado mencionar a unos locos muy especiales, los periodistas. Yo estoy impresionado por las ganas que pusieron por desmontar las mentiras en Irak, las mentiras de las armas de destrucción masiva, y las pocas ganas que están poniendo en esta guerra en desmontar la mentiras de los miles de mercenarios, del indudable apoyo que Gadafi, al menos hasta el momento de la intervención extranjera, tuvo de gran parte del pueblo libio, de la gran mentira del genocidio (porque parece extraño que no haya información gráfica cuando hasta la hubo en las revueltas de Irán, y sobre todo porque con el avance de los rebeldes seguimos sin ver los estragos causados por Gadafi previamente). Quede claro que Gadafi no me produce ninguna simpatía, pero lo que nos han contado y están contando no hay por donde cogerlo. A lo mejor se explica en que las mentiras en este caso no son ajenas a la prensa, sino de cosecha propia.