22.2.11

La "real-politik" té més valor que mai

"In politics, idealisme is frequently no more than an excuse for not recognizing unpleasant realities"

Hannah Arendt

Segurament té raó Jean-Marie Colombani quan escriu que les diplomacies americana i europees sempre han privilegiat l'ordre. Si no ho han fet, com a mínim tenien, i segueixen tenint, bons motius per fer-ho. En l'escena internacional, la injusticia, com deia Goethe, és preferible al desordre. És signe dels nostres temps que el desordre en un país del nord-d'Àfrica posi en risc la seguretat nacional d'Europa i els Estats Units i és, per tant, del més raonable que les diplomacies dels Estats Units i Europa privilegiïn l'ordre. És per tant comprensible que en ocasions hagin preferit els governs forts que oferien les dictadures estables als governs dèbils que podien oferir les democràcies inestables. Però assegurar l'estabilitat d'una dictadura no depèn només de la simpatia que aquesta tingui dels Estats Units, sinó de la simpatia que tingui per part del seu poble. Evidentment, els canvis que es viuen aquests dies no depenen tant de la proximitat d'aquestes dictadures amb les diplomacies occidentals com de la creixent distància amb el seu propi poble. Precisament perquè l'ordre és prioritari, i perquè l'ordre és impossible sense com a mínim el suport implícit del poble, un bon realisme politik de les nostres diplomacies les hauria de portar a mantenir-se en contacte constant ambel poble i a donar-li suport quan el poble demostra la seva voluntat i la seva capacitat de substituir el vell ordre pel nou ordre. No per idealisme, tot i que sí que conforme a l'idealisme. Sinó principalment, per realisme, que és la condició sine qua non de tota política capaç de defensar l'idealisme sense establir un nou infern. Al darrera de totes aquestes comparacions entre la política d'Obama i la de W.Bush, es troba sens dubte la Guerra d'Irak. En aquest tipus d'anàlisis, de fet, tota la política internacional de l'administració Bush ha quedat reduida a la Guerra d'Irak. Però si la Guerra de l'Irak va fracassar no va ser per un excés de real-politik, sinó per un excés d'idealisme, al pretendre que un canvi en l'estructura del govern era suficient per aconseguir un canvi de règim; una democràcia estable i afí. Apel·lar a l'idealisme segueix sent molt més fàcil que millorar el món. I molt més fàcil que implantar un ordre just allà on fins ara només hi ha un desordre injust. Però quan invoquem l'idealisme hauriem de recordar, com a mínim, que els somnis de la raó produeixen monstres.

6 comentaris:

Rubén ha dit...

Ahora resulta ventajista decir que los EEUU y los estados de Europa se equivocaron al apoyar a ciertos personajes. Hay que tener en cuenta que es imposible partir de cero y que Occidente tuvo que elegir de entre las élites de estos países las opciones existentes y viables las que se aproximaran más a su intereses. Ahora se apela mucho al pueblo, como si fuese al pueblo a quien hubiese que apoyar. Es un delirio puramente romántico. El pueblo no tiene planes ni programas políticos. El núcleo de la sociedad política es la clase dirigente. Esa clase dirigente, sin embargo, logrará el buen orden si logra que el pueblo gire entorno suyo y participe de los planes y programas políticos gubernamentales. La expresión "apoyar al pueblo" es mero flatus vocis, pura indeterminación. El pueblo que se revuelve estos días en Egipto, Libia, Tunez... grita contra sus dirigentes, pero lo único que nos dice es que lo que había ya no vale. El pueblo destruye, pero no construye. Es cierto que no se puede gobernar de espaldas al pueblo, pero decir por ejemplo que en estos países deben implantarse unas democracias homologables a las nuestras tiene un inconveniente principalísimo que se puede condensar en una pregunta: ¿cómo?

Ferran Caballero ha dit...

Rubén,

Estoy de acuerdo. Aunque no me parece del todo insignificante la expresión "apoyar al pueblo". A veces tiene significado, creo. Hoy en Líbia, sin ir más lejos. Pero lo importante es entender que ni todos ni en todo momento los regímenes no-democráticos tienen con su pueblo una relación como la que tiene hoy Gaddafi con su pueblo. Y por eso no siempre cabe exigir a las diplomacias occidentales lo que creo que cabe exigirles hoy. Tienes toda la razón. No tenemos ni idea de cómo poner el mundo a la altura de nuestros mejores deseos.

Un abrazo,

Rubén ha dit...

El problema de parale los pies a Gaddafi es que si intervienes ya no puedes desentenderte después. Una intervención debe ponderarse. Es cierto, una no-intervención también, y puede ser tanto o más imprudente que una intervención. Pero me resulta cínico lo del "apoyo al pueblo" porque con esa expresión se da a entender que son los derechos humanos los que están en juego; pero no, son los derechos políticos (sin éstos, aquellos son papel mojado).

Saludos Ferran. Es siempre un placer leer tus interesantes y muy atinadas observaciones.

Ferran Caballero ha dit...

Rubén,

Michael Walzer viene a decir en un artículo que el primero de los derechos humanos es el derecho a tener derechos. De eso hablamos, creo. Y reconocer ese "derecho" al pueblo Libio nos obliga ya a intervenir, de una u otra forma. Se puede decir que eso no es un derecho, y creo que puede decirse con razón, pero sea como fuera me parece que eso no debería llevarnos a ser indiferentes a la suerte de los libios. Eso nos obliga a intervenir. Estamos condenados a intervenir, por decirlo con Sartre. De modo que si no hacemos nada no podemos dejar de ser conscientes de que ya estamos permitiendo que algo suceda. Estamos inevitablemente comprometidos con la suerte del "pueblo" libio. No creo que realmente podamos desentendernos, así que habrá que ponderar muy mucho qué papel queremos jugar en el país.

Es un placer tenerte como lector y comentarista y poder discutir contigo estas cuestiones.

Un abrazo,
Ferran

Rubén ha dit...

Me has convencido Ferran. Ahora solo queda definir quien es ese "nosotros" que está obligado a intervenir: la Comunindad Interncional,Occidente, Estados Unidos, Europa, España... ¿quién es el sujeto político que constituye el pronombre de primera persona del plural? Sería importante identificarlo para hacer una verdadera real-politik y empezar ver el sentido y el alcance de la intervención (hasta donde es posible llegar)

Ferran Caballero ha dit...

Rubén,

quién constituya ese nosotros es tan importante como incierto. Casi diría que habrá que limitarse a ver si alguien interviene y quién es. A pesar de que normalmente hablamos de un deber moral, cuando hablamos de intervenir en otros países solemos hacerlo en términos de derecho y no de deber. Eso es, no se trata tanto de que debamos intervenir como de que, si queremos, podemos hacerlo. De ser un deber, sería un deber con el que es imposible cumplir, puesto que no podemos intervenir en todos los lugares susceptibles de merecer nuestra intervención. Así que al final parece que todo depende de quién, si es que hay alguien, quiere asumir la responsabilidad de la intervención. Y depende de qué responsabilidad esté dispuesto a asumir, supongo que calculará de qué manera intervenir.

Abrazos,