15.6.10

Fútbol y política

Ha ganado Rosell y ya sólo cabe esperar que no nos falle y que, ya desde el primer día, empiece a incumplir las más revolucionarias de sus promesas electorales. No pretendió nunca pasar por un candidato continuista, algo de gran mérito viendo la situación del club, y lo cierto es que muchas son las diferencias entre el presidente saliente y Sandro. Muy pocas, sin embargo, son las que ha convertido en bandera electoral. Quizás la principal sea su total rechazo a mezclar fútbol y política, algo que tampoco ha sido el único en criticar al presidente Laporta. Pero pocos clubes hay en el mundo en que esta falacia se vea tan clara como en el Barça. De hecho, casi parece que no hay nada más político en nuestro país que el fútbol. Y, para entendernos, para nada es casual ni depende de ninguna ninguna iniciativa institucional que el Camp Nou se llene de senyeres y el campo del Español de banderas “constitucionales”.
Después, claro está, viene el trabajo de los políticos “profesionales”. De los diputados y los hombres de partido, dedicados a la aritmética parlamentaria, a la administración y al reparto de presupuestos y cosas varias. Pero éstas no dejan de ser cuestiones secundarias, derivadas del sustento último de toda legalidad y que se expresa en el Camp Nou con el grito de “Visca el Barça i Visca Catalunya”. También allí se ve hasta qué punto es exagerada esa retórica de la lejanía de la nacionalista clase política con el sentimiento popular, supuestamente indiferente respecto a estas cuestiones. Y se entiende hasta que el PSC sólo ha podido llegar a gobernar el país asumiendo que si algo tan popular como el Barça iba envuelto en la bandera, el socialismo no podía ser menos.
Cuando Sostres dice que el Barça es el ejército de Catalunya, por ejemplo, es cierto que dice poco sobre lo que debe ser un ejército, pero sí mucho más que muchos libros de historia sobre lo que es ser catalán. O cuando Arcadi Espada afirma que, al menos ellos, los del Madrid, cuando ganaban lo hacían “sin añadir aceitosas lecciones de pedagogía social”, señala sin duda uno de los más irritantes hechos diferenciales, el de la permanente voluntad pedagógica de los catalanes. También en esto van juntos, porque la tan sobada pedagogía catalana es y siempre ha sido únicamente una manera de negar el conflicto. Y ya que estamos con la pedagogía, mucho más y mucho mejor han hablado de valores un Barça campeón y un anuncio de cerveza que todos esos pedagogos convencidos (seguramente con razón) de ser substituibles por un PocketPC.
Si no hay que mezclar el fútbol con la política es exactamente por la misma razón por la que Kierkegaard se negaba a mezclar la religión con la política; para no rebajarlo. Pero es que en realidad la pretensión de separar la realidad del país de la del club escapa al poder del presidente del Barça. Lo más que puede decidir es si cree que un presidente debe, puede y quiere responder de esta realidad.

Artículo publicado en Filosofías, blog de Factual.es

3 comentaris:

lola ha dit...

Anys quaranta, en plena guerra mundial. Comissaria de Via Laietena. Uns quants detinguts, hi passen 45 (!) dies- Ho sé de bona tinta: quan guanya el Barça o perd el Madrid, la bòfia es mostra -diguem-ne- menys amigable.

Tens raó amb l'anàlisi.

claudio ha dit...

Por otro lado, tratándose de Cataluña, la pregunta sería ¿y por qué el fútbol no?

Aunque, como siempre, nada como la música para iluminarnos allí donde las ideas y las palabras fallan.

http://www.youtube.com/watch?v=jnM6Nd6VbU4

lola ha dit...

Claudio, sin que sirva de precedente, y por las risas, un enlace:

www.quiniloo.com/jsp/clasificacion.jsp

Para saber quién ganaba en los 40, que es lo que importa.