19.6.10

El fútbol, teología política

No soy de los que se lamentan de la presencia masiva del fútbol en nuestros periódicos y telediarios. Y mucho menos, de los que lamentan que grandes escritores dediquen sus horas a seguir y comentar la actualidad deportiva. No creo que haya muchas tares tan importantes ni que merezcan nuestra detenida atención. De hecho, soy más bien de los que cree que toda esa información y toda esa literatura son de gran utilidad para entender cuestiones no estrictamente futbolísticas.
Por ejemplo, cuestiones políticas fundamentales, como comentábamos con la excusa del “Visca el Barça i Visca Catalunya”, que tanto nos enseña sobre el Barça y sobre Cataluña. Como dice Leo Strauss, toda sociedad se caracteriza por reverenciar algo. Basta, por tanto, con conocer ese algo para descubrir cuál es la verdadera naturaleza de esa sociedad. Del mismo modo que el fútbol es un evento político de primer orden porque nos enseña algo básico de la política, es también una cuestión teológica de gran importancia, que nos enseña algo fundamental sobre el lugar de la religión en nuestra sociedad.
Digo esto porque se ha llegado a afirmar que el fútbol ha substituido a la religión y que los futbolistas serían, junto con los actores y cantantes pop, algo así como los dioses de un nuevo politeísmo. Por no ir demasiado lejos, Vázquez Montalbán llegó a llamar al fútbol “una religión en busca de Dios”. Sería algo así como sucede con los luchadores de sumo en Japón, y algo con lo que no estarían en absoluto de acuerdo los napolitanos, que hace tiempo que conocieron el arte de Maradona y dejaron de buscar. Pero, excepto para japoneses y napolitanos, esto es sólo un tópico, y especialmente exagerado. Tratándose de un tópico, sin embargo, resulta precisamente mucho más significativo cuanto más exagerado es.
Eso lo vio Nietzsche. Cuando la lectura de la pregaria matutina ha sido substituida por la lectura del periódico matutino, cuando lo mismo y eterno es substituido por lo distinto y efímero, hay que ser algo así como un superhombre para no dejarse llevar y atreverse a desear el eterno retorno de lo mismo. Como no somos superhombres sino lectores de diarios, a la muerte de Dios sólo podía seguirle el rutinario desfile de ídolos ocasionales. Con todo lo de embrutecedor que esta ocasionalidad y esta idolatría pueda tener para nosotros, y con todo lo trágico que eso pueda tener para esos ídolos caducos, que si de jóvenes no suelen estar preparados para la fama, las mujeres y los millones, aún menos parecen estarlo para la modesta vida en el anonimato a la que están llamados.
Todo este juego de reverencia y olvido, de celebración de lo pasajero, de esos títulos que hay que ganar cada año para que no se nos olvide que somos los mejores del mundo, todo esto caracteriza nuestra sociedad. Es por ello no sólo justo sino necesario que tengamos al fútbol siempre presente en nuestras reflexiones.

Artículo publicado en el Magazine de Factual.es

2 comentaris:

claudio ha dit...

A propósito de la cita de Strauss:

"America is the only country that went from barbarism to decadence without civilization in between."
(O. Wilde)

Ferran Caballero ha dit...

Me la apunto!