7.6.10

Desorientación


Una cierta desorientación caracteriza el pensamiento político contemporáneo. Seguramente no sea más que el corolario a eso que hemos dado en llamar el fin de las ideologías y el final de la historia, que evidencia una difusión de las fronteras entre Oriente y Occidente y que simboliza ejemplarmente la caída del muro de Berlín. Casi parece que todo discurso político es hoy el eco de la decadencia de Occidente.
Es habitual pretender salir de esta inquietante situación con una reorientación, con un revolver la mirada hacia Oriente. Y ya no, como se solía en tiempos de guerras frías y mundiales, para hacer de ellos un nosotros. Más bien para huir de lo que tanto nos inquieta de nosotros mismos. En la más burda versión de este proceso, los catalanes podemos presumir de tener las consejerías mejor orientadas según los preceptos Zen. Pero también las lluviosas noches londinenses son tomadas por hare krishnas, nuestras abuelas han dejado la gimnasia y combaten el reuma con sesiones de yoga y meditación y hasta nuestras ensaladas han sido invadidas por hierbajos que ni el más sanguinario torero haría comer a sus víctimas.
En una versión pretendidamente más elegante e intelectual, ha aparecido en los estantes de nuestras librerías un departamento de “filosofía oriental” (sic). Y viendo cómo están capeando la crisis los chinos, parece que no son pocos los que vuelven a pretender que lo mejor del comunismo es un buen substituto para lo peor del capitalismo.
Pero el problema del pensamiento político no es la intermitente aparición del referente oriental, sino la voluntad misma de orientación, de marcarse un objetivo y pasar a la acción. Para decirlo con Marx, de dejar de interpretar el mundo para tratar de transformarlo. Y, para decirlo con Vattimo, el problema del pensamiento político es que ya no crea posible aprender nada sobre la sociedad política y que cuando uno se lanza a leer sobre el asunto la más prudente actitud sea la de tratar de descubrir qué moto nos quiere vender el autor.
La pretensión de este blog no es la de vender ninguna moto. Tampoco la de combatir las proclamas orientalistas de nuestros gurús radiofónicos y nuestras verduleras. Pero eso no quiere decir que este blog no sea pretencioso. Su pretensión es, de hecho, mucho mayor. Como, por así decirlo, aquí no esperamos nada de la soja ni del comunismo, vamos a tratar de convivir con la desorientación política. Vamos a tratar de leer a nuestros clásicos como los maestros que pretendían ser, y a nuestros contemporáneos como los maestros que niegan poder ser. Vamos a tratar de aprender hasta de aquellos que nada creen que se pueda ya enseñar. Y, sobre todo, seguiremos tratando de evitar que las decepciones de la política nos sorprendan demasiado.

Artículo publicado en Factual.es

4 comentaris:

esparver ha dit...

A mi m'agraden les herbes aquestes estranyes de que parles i, segurament, també m'agradaria la carn de gos si la tastés... Però no es pot construir sense pilars i sortim de l'escola sense haver sentit parlar d'Heràcles, pensant que el pessebre són paisatges d'hivern i que la ciència és el Muy Interesante. I així ens va.

Anakin ha dit...

¿Qué me está pasando, doctor? Estoy de acuerdo con Ferran Cabllero... ¿es grave?

Evocacions ha dit...

Bon article, malgrat el final: sempre cal deixar-se sorprendre.

claudio ha dit...

"Yet it is necessary to hope, though hope should always be deluded, for hope itself is happiness, and its frustrations, however frequent, are yet less dreadful than its extinction."

Samuel Johnson, The Idler, No. 58 (May 16, 1759)

Nota: La 'palabra de comprobación' para colgar el comentario es angst.