1.6.10

Condenados abstencionistas

No me hagan mucho caso, per podría ser cierto que CiU, con su abstención, hubiese salvado algo más que el Plan de Ajuste y hasta que la cabeza de Zp. Podría ser cierto que CiU hubiese evitado la tragedia griega de España. Y de ser esto cierto, votar en contra resultaría una mayúscula irresponsabilidad histórica. Entonces sería justo decir que Durán se lavó las manos. Por la gravedad del gesto, claro. Porque aunque el suyo, a diferencia del de Pilatos, fue un abstenerse salvífico, de nada le hubiese servido para ahorrarse el juicio de la historia. Así que yo, como Nebrera pero justo al revés que ella, veo en el gesto mucho más que un anecdótico movimiento de politiquería partidista. Veo en el gesto una auténtica lección política. ¡Qué política! Yo veo en el gesto de Durán una lección existencial. Para decirlo con Sartre, y sin que sirva de precedente; “estamos condenados a ser libres", a elegir y esa condena es tal que hasta cuando optamos por no elegir, cuando preferimos lavarnos las manos, ya hemos tomado una decisión. Sólo por eso se explica que podamos exigir que nuestros político se responsabilizen hasta de sus abstenciones. Por eso Weber consideró que la ética que correspondía a la profesión de político le correspondía era la ética de la responsabilidad, y por eso se equivoca Nebrera cuando afirma que Durán “lleva toda la vida en política sin haber asumido jamás una responsabilidad poco más de un cuarto de hora”.
El caso es mucho más que anecdótico porque Nebrera, como tantos otros, aprovecha el caso para cargar contra la profesionalización de la política, a la que considera “lucrativa” y “acomodada”. Y aunque parece cierto que la política de este país es una profesión "acomodada", no parece que sea en realidad una profesión especialmente “lucrativa”. O, por así decirlo, lo que nos hace pensar que es lucrativa en demasía, no es que los sueldos de los políticos sean demasiado altos, sino el convencimiento de que gran parte de nuestros políticos vivirían peor fuera de la política que dentro de ella. Hasta el punto de que es ya un tópico afirmar que nuestros políticos no están suficientemente preparados y que las personas realmente válidas prefieren dedicarse al mundo de la empresa. De dar por bueno el razonamiento, parece que si en realidad se trata de atraer a los mejor preparados a la política un buen modo de hacerlo sería, precisamente, el de convertir la política en verdaderamente "lucrativa". Y reformar el sistema para que fuesen ellos, y no los medradores, los que llegasen a ocupar los cargos de mayor responsabilidad. Por ejemplo, con listas abiertas, elecciones primarias o similares. Algo que, dicho sea de paso, impediría a su vez que la política fuese una profesión demasiado "acomodada".
Pero en realidad todo esto no soluciona el mayor de los problemas, que no es otro que la dificultad de saber en qué consiste exactamente una buena preparación política y, aún, si esa puede ser enseñada en una universidad, por buena que esta sea. Es decir; la dificultad de saber qué se necesita para ser un buen político del siglo XXI y de saber si ese político nace o se hace. La recurriente apelación al éxito fuera del mundo de la política, por ejemplo, presupone algo que no creo que debamos dar por hecho, ya que las habilidades necesarias para triunfar en el sector privado podrían no ser las mismas que se necesitan o deberían necesitarse para triunfar en el sector públicio O, dicho de otro modo, presupone que no hay nada, realmente nada, que diferencie el interés privado (que se presigue en el mundo de la empresa) del interés público, otrora conocido como bien común (al servicio del cual debería estar la política). Podría ser así, pero creo que actuar como si estos temas hubiesen sido definitivamente resuletos con cuatro tópicos, es hacerle un flaco favor a esta política que pretendemos mejorar. 

Artículo publicado en Factual.es