3.5.10

¿Para qué intelectuales en tiempos de penuria?

“No tienes el derecho de despreciar el presente”
Baudelaire

Azúa, don Félix, escribía hoy su último artículo en El Periódico de Catalunya. Se marcha, y fiel a sí mismo tanto como a sus lectores, ni siquiera hoy se ha servido de los llamados “motivos personales” para ahorrar en argumentos.
Se va por lo mucho que ha cambiado (a peor) “no sólo el país, sino el aire social que respiramos en común” y porque “en estas circunstancias, la verdad, es inútil tratar de influir en la vida pública”. Semejantes circunstancias son de sobra conocidas, y basta recordar que responden a nombres tan diversos como desafección o crisis económica pero que aquí son, en el fondo, simple reflejo de una crisis política y social de mucha mayor envergadura y de solución mucho más difícil.
Asi que Félix se retira “a los cuarteles de invierno”, y sus motivos se convierten en una auténtica afrenta a todos aquellos que solemos renunciar a unos buenos ratos de Platón, Nietzsche o Strauss para dedicarnos a Rajoy, Montilla u Obama. A todos aquellos que preferimos el pausado ritmo de la academia pero nos plegamos a las urgencias de la política y lo hacemos sin ninguna intención de servirnos de ella, sino con una pretensión de servicio siempre honesta aunque la mayor parte de las veces tal vez exagerada. Porque, dicho claramente, si Azúa está en lo cierto, el trabajo de todo articulista que no ejerza al servicio de algún partido político no tiene hoy en dia, en este país, ninguna razón de ser.
Muchas son las razones que históricamente se han esgrimido en favor del compromiso social del intelectual, y el problema es que la mayoría de ellas seguramente sea falaz. Lo parece, por ejemplo, aquella vieja creencia según la cual no hay simplemente nadie mejor que el intelectual para intervenir en los asuntos públicos, basada, como el kamasutra y los libros de autoayuda, en la estúpida creencia que hasta a andar se aprende mejor con libros. Debería bastar el compromiso que han adquirido en el último siglo algunos de los más elevados intelectuales con los más miserables de los regímenes políticos que ha conocido la humanidad para desmentir semejante tópico.
Y si bien es cierto que al rechazar este lugar común podemos llegar a la desoladora conclusión de que a nada salvo a sí mismo sirve el pensamiento, también lo es que quizás sea precisamente eso lo que justifique hoy el compromiso político del intelectual. Aunque sea por mera supervivencia, debe seguir implicado en evitar que este deterioro político nos traiga un Chávez, que este deterioro de la política nos lleve a la tiranía a la que toda democracia parece llamada a convertirse y que es, simple y llanamente, incompatible con el pensamiento. Aunque sólo sea por eso, aprender cómo hacerlo quizás sea hoy la más urgente de las tareas del llamado intelectual.

Artículo publicado en Factual.es

3 comentaris:

"el Primo" ha dit...

El que no entenc és com el tal Azúa es pot considerar un intel·lectual. Els intel·lectuals treballen amb dades empíriques, al contrari que Azúa i la resta d'articulistes de diari, que es dediquen a fer especulacions insubstancials. Intel·lectual? No em facis riure.

Ferran Caballero ha dit...

"el primo"
vols dir que només els anomenats "científics" són intel·lectuals?

"el Primo" ha dit...

Evidentment.