13.5.10

¡¿Opción C?!

En lo que parecía ser un artículo de despedida, Félix de Azúa escribía que, con un poco de suerte, los actuales políticos serían substituidos por “esos técnicos que tanta falta hacen y que han sido despreciados por políticos ebrios de ideología”. Apuntaba así al que probablemente sea uno de los mayores problemas de la política moderna, que no es otro que la confusión de las cuestiones políticas y las técnicas. Eso no implica, como suele repetirse aludiendo al fin de las ideologías, que la política haya sido o esté siendo substituida por la técnica.
Más bien significa que es urgente empezar a entender que política no es necesariamente sinónimo de ideología, y que toda decisión justificada con argumentos técnicos, pero de motivaciones y consecuencias evidentemente políticas, se toma sobre una incertidumbre de la que el político es el responsable último y como tal debe ser considerado. Que no vale, por lo tanto, escudarse en los técnicos para evadir las responsabilidades implícitas en el cargo.
La reforma de la Avenida Diagonal de Barcelona que se vota estos días es un claro ejemplo de ello y demuestra, una vez más, que la retórica de la postpolítica y del fomento de la participación ciudadana son la mejor excusa que han encontrado nuestros políticos para dimitir de sus responsabilidades sin necesidad de dimitir de su cargo y su sueldo. Que, por decirlo con Garton Ash, “el posmodernismo se ha convertido en la puta de la política del poder”.
De ahí que, aunque burda, zafia y de dudosa calidad democrática, sea totalmente comprensible la maniobra de esconder la llamada Opción C en toda la propaganda (supuestamente) y hasta en los “colegios electorales”. Porque es la simple existencia de esta opción la que les delata, la que demuestra que bajo la fiesta de la democracia ciudadana y bajo las presentaciones en 3D de la futura avenida se esconde una gran decisión que no están dispuestos a tomar porque implica que, por primera vez en demasiado tiempo, tengan que tomar una decisión a la altura del cargo que ocupan y responder de ella ante la ciudadanía. En vez de delegar en ella la decisión más importante que podrían haber tomado desde que heredaron el trono.
Si el señor alcalde y su equipo, además de pretender salir en la foto ahora que se acercan las elecciones, creen realmente que es necesaria una reforma de la Diagonal, no sólo es su responsabilidad sino su obligación llevarla adelante, explicando qué problemas se supone que quieren solucionar urgentemente, eligiendo entre los distintos proyectos urbanísticos presentados y, aunque sólo sea por una vez y como regalito de despedida, demostrar que son conscientes de la importancia de su cargo y de las obligaciones que le corresponden.

Artículo publicado en Factual.es