24.5.10

Chávez y la molicie del pueblo

El ex ministro venezolano de Defensa, Raúl Baduel, ha sido condenado a 7 años de cárcel por malversación y abuso de poder. Baduel había sido amigo de Chávez desde sus días en el ejército, colaboró con él en el fallido golpe de Estado de 1992 y fue crucial en la operación para mantenerlo en el poder en el 2002. Se retiró después de que Hugo Chávez lo apartase del Ministerio de Defensa, y desde ese momento se convirtió en un detractor público del presidente. En la Venezuela de Chávez, a nadie parece sorprenderle ver a los críticos en la cárcel, aunque sean antiguos amigos. Lo extraño, y quizás por eso mucho más significativo, es ver cómo la persecución se centra en los más leales y cercanos al presidente, como fue el caso del banquero Ricardo Fernández, que presumía de una gran relación con los líderes de la revolución hasta el mismísimo día en que sus amiguitos lo metieron entre rejas.
Cuando en los diálogos de La República y el Político, Platón nos presenta la naturaleza de los distintos regímenes políticos y su tendencia hacia la corrupción, muestra cómo al principio del camino que lleva de la democracia a la tiranía, se encuentran la tolerancia característica de la democracia, la despreocupación de los ciudadanos por los asuntos fundamentales del Estado y la tendencia populista a rendir honores a cualquiera que se diga amigo del pueblo. Se encuentra, por así decirlo, una cierta relajación en la consideración de las más elevadas de las virtudes. Un ejemplo histórico de esta decadencia (y que mucho recuerda a la creciente persecución de los amigos de Chávez) es el que nos presenta Jenofonte en la Ciropedia. En ella cuenta cómo, para satisfacer su voluntad expansionista, Ciro necesitaba un ejercito más equipado que el que las leyes y costumbres de Persia, que prohibían a los plebeyos el uso de armas pesadas, ponían a su disposición. Y cuenta también cómo el ímpetu militar de Ciro lo llevó a armar a los plebeyos para la batalla y a prometerles que, si luchaban a su lado, desde aquel mismo momento serían considerados tan dignos de las mayores recompensas como los pares (aquellos que gozaban de los derechos de ciudadanía). Así, como comenta Chistopher Bruell, con el tiempo pareció sucederle a Ciro lo que en nuestros días le sucede a Chávez. Llegó a considerar que “el mayor peligro para su trono pocedería de los amigos mismos a quienes más había recompensado. La significación de esto puede verse en el hecho de que estos amigos eran, en su mayoría, los mismos pares cuya voracidad había dejado Ciro en libertad por su sugerencia de que ya no buscaran la virtud por la virtud misma, sino por sus recompensas”.
Como bien dice el tópico, cada pueblo tiene los políticos que merece, y como muestra la historia, parece que hasta hay pueblos que merecen un tirano. Por eso, y aunque nadie duda de que la llamada de la oposición es urgente y casi siempre sugerente, mucho más apremiante es el tomar conciencia que la más difícil e importante de las decisiones que debe tomar un pueblo es, precisamente, aquella que nunca, de ningún modo, podrá tomar ante una urna.

Artículo publicado en Factual.es

2 comentaris:

claudio ha dit...

A propósito.

http://www.youtube.com/watch?v=1GSa1tskVlI

Ferran Caballero ha dit...

Gracias mil!