17.5.10

Bananas

El resultado del referéndum no deja lugar a dudas y hasta el alcalde Hereu parece haber entendido el mensaje. Votó el 12% del censo y el 79% de los ciudadanos que votaron lo hicieron en contra de las propuestas de reforma planteadas por el alcalde, optando por la así llamada Opción C y con el mérito añadido de haber sido capaces de encontrarla entra tanta propaganda tendenciosa. Hereu, aunque siempre tarde, lo ha entendido. Los ciudadanos no han votado una reforma de la Diagonal, han votado en plebiscito sobre la gestión del alcalde, y han votado en contra.
No sé si es lo normal, pero sin duda es lo corriente. El pueblo, cuando no guarda respetuoso silencio, suele opinar lo que le da la gana sobre cuestiones que no se le preguntaban. Y así las cosas, hasta podría resultar que la baja participación acabara siendo la menos mala de las noticias que estos días ha recibido la división local del aparato socialista. Hasta podría darse el caso de que vieran con cierto desasosiego que los barceloneses, ante tanta manipulación, ante tanta mentira, tanta desvergüenza y tanta indignidad, no se hayan movilizado masivamente en contra del presunto alcalde y hayan optado antes por el pasotismo que por el rechazo directo.
Si, en cambio, ésta hubiese sido una consulta ciudadana como la que pretendían, la abstención sería una pésima noticia y pondría al alcalde ante la difícil situación de valorar si un triste 10% puede decidir en nombre de la ciudadanía presente y futura sobre algo tan importante como es la reforma de la Diagonal. Algo que no sólo sería un enorme problema para un alcalde que se ha demostrado incapaz de tomar ninguna decisión relevante, sino para todos aquellos defensores de la democracia participativa que le acompañaban en la aventura. Porque esta romántica apología de la proximidad según la cual es buena y hasta necesaria una mayor implicación de los ciudadanos en las decisiones que más de cerca les afectan y sobre las que, supuestamente, nadie mejor que ellos puede opinar, sólo puede justificarse por un interés real y mayoritario de los ciudadano afectados por la decisión.
Hereu y sus secuaces presentaron este referéndum como un ejemplo de modernización de la democracia y lo más que han podido exhibir ha sido su bananización. De semejante proceso queda para la posteridad esa secuencia que La Vanguardia tuvo el acierto de captar, el momento crucial en el que un político decide que la mentira es más conveniente que la verdad. Por si todo lo demás fuera poco, sólo esto ya sería motivo suficiente para que el alcalde se dignase a dimitir. Aunque, a decir verdad, ni siquiera esa decisión fue capaz de tomarla él solito.

Artículo publicado en Factual.es

1 comentari:

Efrem ha dit...

Bon intent per part de l'ajuntament, però com bé la claves: la democràcia participariva es justifica en l'interès dels ciutadans en participar. I ja veiem que no hi és.