23.4.10

Desvelando a Najwa

La joven Najwa Malha ha decidido vestir con el hiyab. Y todo parece indicar que ha sido una de esas decisiones que llamamos libres; sin que se haya sentido obligada por amigos ni familiares. Siendo así, la problemática de la decisón se debe en realidad a que choca con una normativa escolar (en absoluto extraordinaria) que prohíbe a los alumnos llevar la cabeza cubierta. Es así porque en España no existe una ley que, a la francesa, prohíba a los alumnos la exhibición de símbolos religiosos en en colegio. Y, ya que estamos, diré que no veo motivo alguno por el que debería existir una ley semejante.
Pero la normativa del centro es clara al respecto.
“En el interior del edificio no se permitirá el uso de gorras ni de ninguna otra prenda que cubra la cabeza.”
El caso que nos ocupa no es demasiado problemático por lo que a libertades civiles se refiere. Y aunque el mismísimo Ministro de Educación haya entrado en consideraciones de jerarquización de libertades, considerando que el derecho a la educación debe prevalecer sobre otros derechos (tales como la libertad de los centros educativos para definir su normativa interna), creo que sólo debería entrarse a discutir en estos términos si la libertad de culto o el derecho a la educación de Najwa estuvieran amenazados. No parece ser ésta la situación, desde el momento en que llevar el pañuelo no es precepto del islam y que, según he descubierto horrorizado, hay colegios cercanos al suyo en los que la acogerían hasta llevando gorra en clase. Pero desde el momento en que sus padres inscribieron a la joven en su actual colegio aceptaron de forma implícita la normativa del centro, y es justo que ahora se les recuerde que a ella debe atenerse su hija.
Porque la joven Najwa está haciéndose mayor, va tomando decisiones sobre su vida que en absoluto son irrelevantes y a través de ellas va definiendo su identidad. Creo que ayudarla en este tránsito es precisamente una de las tareas más importantes que los colegios tienen encomendada en nuestra sociedad. Ella ha tomado una decisión y es libre de reafirmarse en ella o cambiar según le parezca. Hasta es libre de negociar con la dirección del centro en el que estudia un cambio en la normativa que se adapte mejor a sus preferencias. Y hasta puede que, en último término, deba valorar hasta qué punto prefiere llevar el velo a seguir estudiando en su colegio. Es mayorcita para decidirlo, y creo que en este caso no sólo podemos, sino que debemos dejarla decidir tranquila y respetar su decisión.

Artículo publicado en el Magazine de Factual.es