22.3.10

Pederastia y celibato

El País, y muchos con él, opina que “la carta pastoral del Papa sobre la pederastia en la iglesia llega tarde y se queda corta”. Que se queda corta lo cree, paradójicamente, porque está convencido de que la solución al problema no pasa simplemente por la intervención de la justicia civil, sino que exige intervención de la justicia eclesiástica, de la que esperaría que “aboliera el absurdo celibato sacerdotal”. 

Pero si nos tomamos en serio el problema, la vinculación entre el celibato y el delito no puede quedar en una simple insinuación. Hay que analizar muy seriamente si hay más pederastia entre los curas que entre los civiles. O si también los civiles que, castos por obligación y no por vocación, se ven llamados al mismo delito carnal. En realidad, y según decía Arcadi Espada, parece que “la pederastia se da con la misma intensidad (leve intensidad, valga la precisión) en otros ámbitos sociales”. Pero mientras sólo lo parezca, hay que trabajar con dos hipótesis contrarias.

La primera es clara: que haya una relación entre celibato y pederastia. Y la conclusión, del mismo Espada, es entonces justa: “Si la violencia del celibato engendra la violencia pederasta, la Iglesia afronta una grave elección moral. De la que también podemos pedirle cuentas los infieles. Porque suyas son sus castidades, pero de todos sus víctimas”.

La segunda hipótesis es justo la contraria: que no haya relación entre celibato y pederastia. Por lo tanto, la conveniencia de acabar con el celibato no podría sustentarse, al menos, sobre la pretensión de terminar con la pederastia.

Porque lo que ni siquiera como hipótesis puede contemplarse es que, sin darse relación entre el celibato y la pederastia, se clame contra la segunda para acabar con el primero. Eso es lo que hace El País, y lo que desde sus páginas hacía pocos días atrás el teólogo Hans Küng. Y si debemos preocuparnos de estos argumentos no es porque sean inconsistentes, sino porque con acrítica aceptación amenazan con volver inconsistente a la realidad misma.

Ese discurso es, en realidad, una muestra del paternalismo con el que se trata a las gentes de fe. Ahí tenemos a habermasianos y rawlsianos, discutiendo sobre el encaje idóneo del discurso religioso, recomendando a los creyentes que hagan un esfuerzo de traducción y, ése es su mayor pecado, hasta ofreciéndose a ayudarlos en el difícil proceso. Y lo recomiendan por su bien, aunque no lo crean así, porque mientras nunca estos tolerantes se plantean que la plaza pública democrática deba hacer oídos sordos al discurso religioso, les preocupa muchísimo que la retrógrada iglesia no sepa como tratar con ella. Y en otro foro muy distinto tenemos a las mujeres protegidas musulmanas, protegidas con el burka de miradas y actos impúdicos de sus incorregibles machos.

Y si me preocupa el paternalismo para con la iglesia no es, precisamente, porque tenga ningún interés especial en asegurar el éxito público de su discurso. Es simplemente porque estoy convencido de que tratar a alguien como a un niño es el mejor modo de conseguir que se comporte como un niño.

Artículo publicado en Factual

3 comentaris:

Otger ha dit...

Celibat NO és castedat. No fotem! Salam.

claudio ha dit...

Ya que cita usted a Schmitt,

'He ahí el origen del Estado de Derecho a la española, que consiste en ir por la vida dejándose toros vivos protegido por la policía...'

http://www.abc.es/20100327/opinion-editorial/gallo-huevos-gallo-20100327.html

claudio ha dit...

http://www.newsweek.com/id/236096?from=rss&utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+newsweek/TopNews+%28UPDATED+-+Newsweek+Top+Stories%29