8.3.10

Fascismo en la Universidad

Se ha dicho que Rosa Díez fue boicoteada y agredida en la Universidad Autónoma de Barcelona, y que sus agresores fueron nacionalistas. No hay duda de que la de nacionalistas es una definición ajustada, pero a pesar de ello es totalmente insuficiente si lo que pretendemos es entender lo que está sucediendo en nuestras universidades. Si pretendemos entender que el mismo día, los mismos vándalos, le echasen un bote de pintura por la cabeza al nacionalista Cardús, o que el también nacionalista Ibarretxe fuese boicoteado hace poco en la misma universidad. Incluso si lo que queremos entender es lo del dedo de Aznar en Oviedo o lo de Carrillo en Madrid. Con esto nos pasa lo mismo que cuando descubrimos a un etarra gritándole “¡goras!” a La Roja, que lo del nacionalismo se nos queda tan cortito que hasta da risa.

Y tampoco se trata aquí de añadir calificativos para completar el cuadro de lo que tenemos entre manos. Porque son también niños de papá, claro. Y desagradecidos, claro. Porque entre el Estado y sus padres les pagan los estudios y salen rebeldes, contra los padres y el Estado. Como aquella hija de un destacado político catalán que, cuando las protestas contra la Guerra de Irak, salía de casa por la noche, duchadita, cenadita y estudiadita (muy bien estudiadita, por cierto), para irse de acampada a la plaza Francesc Macià, en plena Diagonal de Barcelona, a gritar y cacerolear contra el facha de su padre y el capitalismo opresor. También podemos sumar a la descripción el comunismo o el anarquismo o los dos a la vez, que también son sus causas, o el altermundismo y el ecologismo y muchas causas más, pero lo que de verdad les pone de todos estos ismos y lo que les define es lo que de destructor del orden establecido pueden encontrar en todos ellos.

Por eso algunos han dado en llamarles nihilistas, como llamaron a aquellos jóvenes que quemaban coches en las banlieues parisinas sin motivo aparente. Pero es que ni eso han llegado a ser, y son tan pésimos nihilistas como en su mayoría son pésimos estudiantes, comunistas y nacionalistas. Limitándose a la negación de lo presente, sin proponer nada en positivo para subvertirlo, lo que son en realidad es lo que Nietzsche señalaba como nihilistas incompletos. Son fascistas. Y puesto que ni los más mayores del lugar recordarán una época sin fascistas en nuestras universidades, lo que más debería sorprendernos e indignarnos no es aquí ni la presencia ni los berridos de esta triste minoría, sino la ausencia y el silencio de la mayoría de estudiantes y profesores. Aún más, lo que debería indignarnos es que nuestras universidades, nuestros rectores y decanos hayan hecho suyo el lema de sus enemigos y hayan convertido la universidad en un espacio libre de policía.

Cómo luchar contra estos fascistas, contra estos incompletos, fue la pregunta central del siglo XX y, si debemos hacer caso de Nietzsche, será probablemente la del XXI. Llevamos un siglo intentando responderla y algo deberíamos haber avanzado ya. Que quizás no sólo con ellas debe combatirse el fascismo, pero si al menos con ellas; con las armas y la ley.

Artículo publicado en Factual

2 comentaris:

Brian ha dit...

He anat a veure l'article a Factual i (lògicament) també he llegit els comentaris. Seria divertit, si no fos patètic, la recerca de l'apel·latiu apropiat per a aquests rebels sense causa. Anava a dir "nous rebels sense causa", però no, el fenomen no en te rés de nou, només va canviant 'l'embolcall: l'estelada, la roja, la camisa marró, vermella, negra... què més dona. Els teus comentaristes de Factual s'enfaden perquè en voldrien dir "comunistes" i no feixistes; doncs que en diguin com vulguin! total, les paraules ja han perdut el valor...

Ferran Caballero ha dit...

Brian,

jo creia que sí que era rellevant trobar l'apel·latiu apropiat, fins i tot assumint el risc de no trobar-lo. Però vist com va la cosa...ja no sé què dir-te.

gràcies pel comentari,