15.2.10

Garzón y el sueño de los justos

No es tarea del público dictar sentencia sobre el acusado Garzón, por muy público que sea el personaje y por muy público que sea el interés por su causa.

Eso es lo único que parecen haber entendido sus defensores, tanto en el caso de los que firman la mayoría de los artículos que publica estos días El País, como en el del Manifiesto por la Justicia de Garzón o como en ese cobarde ejercicio de funambulismo que suscriben los desorientados Jueces por la Democracia. En todos ellos, el mensaje se limita al ataque ad hominem a los acusadores, a la defensa de las buenas intenciones del juez y a la solidaridad para con los principios metafísicos de la justicia universal, que ven encarnada en la figura de Garzón y que, según creen, es la verdadera acusada. En ninguno de esos textos parecen lamentarse por el juicio a un hombre inocente sino por la acusación de un hombre justo, bueno y de nobles propósitos.

Como cada uno llora por lo que buenamente puede, poco habría que decirles si se quedaran en el lamento. Pero este lamento es una condena a nuestra justicia y lo que en realidad nos están diciendo es que ninguna sociedad que se pretenda justa debería condenar a un hombre bueno.

Olvidan, y no deberían hacerlo, que ser un buen hombre no es lo mismo que ser un buen ciudadano; que en nuestras cárceles viven muchos hombres que actuaron convencidos de hacerlo en nombre de una justicia superior y más pura, que es muy justo y muy necesario que sigan viviendo allí algún tiempo, y que la defensa de la justicia universal puede en algunas ocasiones ser un buen argumento para cambiar las leyes pero no para saltárselas. O, al menos, no para saltárselas impunemente. Olvidan en su defensa que no se juzgan aquí las intenciones del juez sino sus actos, y que éstos no se juzgan según la justicia ideal sino sobre una muy real justicia española que Garzón debe conocer bien.

Cabe suponer que también con la mejor de las intenciones, estos preocupados intelectuales han llegado al absurdo de advertirnos que procesar al juez Garzón "sería el peor golpe desde el 23-F". Mucho más que por saber si Garzón es o no culpable de los cargos que se le imputan, este proceso sería realmente histórico si les sirve a ellos y a tantos otros presumidos demócratas para entender algo fundamental del Estado de derecho: que ni siquiera el más súper de los jueces está por encima de la ley.

Artículo publicado en Factual