4.1.10

Los de la Sociedad Abierta y sus amiguitos

Hubo un tiempo en el que invocar la Sociedad Abierta era la mejor manera de declararse enemigo del totalitarismo. Hoy, cuando en el senado checo se plantea la ilegalización del Partido Comunista, los defensores de la sociedad abierta se han convertido en sus mejores aliados.
De haber sido algo más que propaganda anti totalitaria, eso no sería suficiente para rechazar la sociedad abierta, que podría servir todavía para defender el derecho de los antiguos enemigos del partido comunista a presentarse a las elecciones de una democracia con la que parece que siguen queriendo acabar. Pero el libro de Popper nunca fue más que pretenciosa propaganda ideológica. No podía ser nada parecido a la filosofia política un libro donde leer entre líneas a Platón se presenta como la más sencilla de las tareas o donde se olvida la fragilidad que hay en la unión del interés público y el privado que parecía darse en la Atenas de Pericles, como si esa coincidencia no fuese excepcional si no, en realidad, algo propio de todo gobierno democrático por el simple hecho de ser democrático. El discurso del inmoderado estadista Pericles debe ser mucho más problemático para cualquier liberal de cuanto lo fue para Popper y sus groupies. La Sociedad Abierta era propaganda política, y de nada sirve apelar a ella cuando ya ni siquiera sirve al fin propagandístico que le es propio. Así se puede decir sin más complejos que toda sociedad es una sociedad cerrada, que,
Per paradoxal que això pugui semblar a primera vista, el fet és que tota unió vol dir una exclusió. Dos que es casen, no són solament dos que s’uneixen; sinó: un home que es separa, una mica més, de tots els demés homes, i una dona que es separa, una mica més, de totes les demés dones. (…) Una agrupació socialista internacional no pot sòlidament existir si no s’abroga la facultat de dir “¡Aquest no és socialista!” Un Esperanto té, no solament el dret sinó el dever de dir d’un altre Esperanto: “¡Això no és una llengua internacional!”
Eugeni d’Ors, Glosari
Que, por lo tanto, lo que distingue las sociedades democráticas de las totalitarias es una diferencia de régimen y todo regimen tiene la necesidad de defenderse actuando como si fuese el último regimen, porque en esa apariencia reside su fortaleza. También en la democracia. Al liberal le parece que eso se trata de una obvia incongruencia, puesto que “la campaña anticomunista afirma que está actuando en defensa de la democracia y al mismo tiempo tratan de prohibir un partido que sigue recibiendo fuertes votos en las elecciones”. Pero es un grave error creer que la defensa de la democracia es innecesaria o que en algo se diferencia a evitar su autodestrucción. Como es un error creer que el carácter democrático de unas ideas depende del apoyo popular que reciban. La democracia debe asegurarse que después de cada elección vendrá otra elección, y debe hacerlo hasta en el trágico supuesto de que no sea esa la voluntad de la mayoría ganadora. Por eso las democracias reales son democracias liberales, que dejan fuera del alcance de las eventuales mayorías la reforma de cuestiones fundamentales como la naturaleza del regimen político de la nación o los derechos ciudadanos básicos.
Al periodista se le presenta como una “obvia incongruencia” lo que a Popper se la presentaba como la paradoja de la tolerancia. Pero la tolerancia solo podía ser paradójica a la luz de la falaz sociedad abierta. De hecho, que la tolerancia se presente como paradójica es buena medida de lo que de falaz hay en la sociedad abierta. Porque lo que en ella se presentaba como un imperativo de acción nunca fue, en realidad, más que un consejo de prudencia para el legislador en trato con lo que rechaza. Y sólo como tal sigue teniendo sentido hablar de tolerancia en una sociedad igualitaria y sometida al imperio de la ley.
Si la democracia debe protegerse de sus enemigos, de aquellos que llegarían al poder en las últimas elecciones libres, en manos de la tolerancia queda el considerar la mejor de las defensas, el decidir si lo rechazable es más débil dentro o fuera de la ley y el parlamento.  Es sólo dentro de ese cálculo y no en ninguna consideración sobre su naturaleza democrática donde es relevante que el Partido Comunista sea la tercera fuerza en el Parlamento Checo. Aunque sea obligación de toda democracia evitar que el Partido Comunista o similares lleguen al poder, pero es cuestión de prudencia saber si la mejor manera de evitarlo es la ilegalización o la conllevancia, esperando que sea el pueblo quien haga con ellos lo que no han hecho las leyes o que, al menos, los mantenga como inútil minoría.

Artículo publicado en Factual
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2 comentaris:

Angel Duarte ha dit...

Gràcies!!! I l'enhorabona per la col·laboració a Factual. El de la S.A. molt i molt bo.

Abraçada

Àngel

Ferran Caballero ha dit...

Moltes gràcies, celebro que t'agradi

Abraçades,