7.12.09

Minaretes

Yo creo que el pueblo se equivoca porque hasta cuando acierta en sus decisiones suele hacerlo por motivos equivocados. El reciente voto popular suizo podría ser sólo un ejemplo más de una ley tan antigua como el hombre, pero especialmente significativo por ser el de los hijos de esa Ginebra en la que el bueno de Rousseau veía encarnadas todas las virtudes de la democracia directa. El error del pueblo suizo no es necesariamente el de haber votado por la prohibición de construir nuevos minaretes, sino el de haberlo hecho en muy buena medida por motivos que no deberían poder ser expuestos en la plaza pública de una democracia sin el debido sonrojo de público y orador. Del mismo modo que otros votaron en realidad en defensa de la alianza de civilizaciones o de la segregación de la mujer, que vaya usted a saber lo que piensa el pueblo en sus más íntimos momentos de privado recogimiento ante la urna. Todas ellas cuestiones que ni estaban en juego ni deberían estarlo nunca en una democracia moderna porque, con Larra, esta debería guardarse muy mucho de quitarle a alguien una religión consoladora sin tener algo mejor que ofrecer. No me cabe duda de que ante semejante pretensión sería de la mayor justicia que la ley contradijese al pueblo, pero no ha sido el caso y es preciso que así conste para tranquilidad de los más críticos, porque en nada atenta esta decisión contra la libertad de culto.
La decisión del pueblo entra dentro de lo que debe ser decidido en una sociedad liberal, sobre el cómo, por así decirlo, debe salvaguardar las alturas de la religión y las bajezas de la política y a las unas de las otras. Porque el minarete es accesorio y es precisamente sobre los accesorios de la religión que debe decidir una sociedad liberal, como tampoco el velo, cuando simboliza algo más que la fe de su portadora, es coto vetado a la consideración democrática. Es precisamente en este sentido que se torna problemática la construcción de minaretes. Porque el minarete es un faro, y su función, el ordenamiento de la vida de la comunidad, estrictamente política e impropia de la religión en una democracia secular. Con sus llamadas a la oración, que amenazan con cambiar de forma radical la forma de convivir de las distintas religiones en el discurso público, pero también por su simple presencia arquitectónica.También un minarete mudo es un símbolo de poder político aunque no  siempre tenga que ser esa la intención de sus promotores. Como decía Barbara Kay, “las estructuras que físicamente dominan el paisaje mandan un mensaje a sus observadores -y nadie puede elegir no observarlas- de que la estructura se levanta por ser una fuerza culturalmente dominante en la vida de las personas”. El minarete es un referente político como lo son los edificios emblemáticos de nuestras ciudades, las plazas, los parques y las estatuas, puntos de anclaje del paisaje urbano. El urbanismo es una disciplina política y la presencia del minarete en una sociedad laica es problemática desde el momento en que el orden de la ciudad debe ser la principal de las preocupaciones políticas.
Tengo a estos por buenos argumentos para considerar como problemática la construcción de minaretes, argumentos desde los que una administración pública puede debatir seriamente su conveniencia o no en la ciudad. Pero ni son estos los argumentos empleados, ni son estos los que, en consecuencia, pretende rebatir el ofendido musulmán. Cuando el pueblo habla siempre habla demasiado y cuando habla contra los minaretes por hablar contra la religión lo tiene muy difícil para pasar por laico. Porque actuando así está llevando la religión a un terreno que no le debería ser propio y la política a un lugar que todo gobierno liberal debería tener vetado. Eso es precisamente lo que debe evitarse y para hacerlo es de primera necesidad entender que hay cuestiones que el pueblo no es el más indicado para resolver.

Artículo publicado en Factual
 

2 comentaris:

esparver ha dit...

No ho tinc clar, però:
Pot una societat lliberal tapar l'ordre organitzatiu d'una part d'aquesta en nom d'un ordre asèptic?

Ferran Caballero ha dit...

Jo tampoc ho tinc clar, però el problema és que no és l'ordre d'una part de la societat sinó de tota. Tampoc crec sigui possible perseguir un ordre asèptic...

Abraçades,