7.5.09

Heidegger, el zorro

Sostiene Heidegger, muy orgulloso: "La gente dice que Heidegger es un zorro". Ésta es la verdadera historia de Heidegger, el zorro.
Había una vez un zorro tan poco astuto que no sólo caía continuamente en trampas sino que no sabía siquiera reconocer la diferencia entre una trampa y una no-trampa. Este zorro tenía otro punto débil. Había algo que no andaba bien en su pelaje y por ello se hallaba completamente privado de una protección natural contra las inclemencias de su vida de zorro. Luego de haber pasado toda su juventud en las trampas de otros, y que no le quedara en su espalda, por así decirlo, ni siquiera un jirón de su propio pelaje intacto, nuestro zorro decidió retirarse completamente del mundo de los zorros y se abocó a construir una madriguera. En su terrible incapacidad por reconocer las trampas, aun teniendo una increíble experiencia, el zorro tuvo una idea totalmente nueva y sin precedentes entre los zorros: se construyó una trampa como madriguera, entró en ella, la hizo pasar por una madriguera normal -no porque fuera astuto sino porque siempre había pensado que las trampas de los otros zorros eran sus madrigueras- y luego decidió volverse astuto a su modo y montó para los otros zorros la trampa que había construido y que era adecuada para él. Esto demuestra una vez más cuán ignorante era este zorro en cuestiones de trampas: ninguno entraría en su trampa porque él estaba dentro de ella. ¿Por qué una trampa para zorros -especialmente si había sido construida por un zorro con mayor experiencia en trampas que cualquier otro- no debería estar a la altura de las trampas de los seres humanos y los cazadores? ¡Evidentemente porque esta trampa no se veía lo suficiente como una trampa! Y así a nuestro zorro se le ocurrió embellecer su trampa y colocar por encima de ésta señales inequívocas que decían claramente: "¡Venid, venid todos! Ésta es una trampa, la trampa más bella del mundo". De ahora en más estaba claro que ningún zorro terminaría en esta trampa sin querer. Pese a ello, muchos fueron, porque esta trampa era la madriguera de nuestro zorro y si se quería verlo en la madriguera, en su casa, era necesario entrar en su trampa. Naturalmente, todos excepto nuestro zorro podían salir: era exactamente de su medida. Pero el zorro que vivía en la trampa decía con orgullo: "Caen todos en mi trampa, me he convertido en el mejor de los zorros". E incluso esto era verdad: nadie conoce la naturaleza de las trampas mejor que quien ha estado en una trampa toda su vida.
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Hannah Arendt
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