10.12.07

Libro de los imbéciles

Hay todavía algunas parejas de esa edad, pero ninguna como Patricia y yo. Éstas se morrean cada dos minutos y se meten mano, y seguramente hacen bien, pero a nosotros nos habían educado en el pudor y en el recato, y aunque es cierto que me quedé con las ganas de Patricia y de sus pechitos golosos, también lo es que al patria de esos momentos a su lado, la curiosidad del cuerpo que ya no me cabía en la bragueta y la timidez de palabras que aún no nos cabían en la boca, esa patria es siempre un radiante jardín renacentista, domesticado y en equilibrio, en el que puedo refugiarme cuando de noche aúllan los lobos. Una imagen pura que conservo sin que el rencor o el desconsuelo la tiñan de dolor. No hubo nunca el quebranto de un "te quiero" ni el ruido de un "adiós". Nunca demasiada realidad vino a dañarnos.
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Salvador Sostres. Libro de los imbéciles
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